Prevenir Adicciones: Un Compromiso Solidario por la Vida
Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano
En cada rincón de nuestra sociedad, desde los barrios más humildes hasta las grandes ciudades, toda vida tiene una dignidad inviolable. Reconocer esto es el primer paso para enfrentar uno de los desafíos más complejos de nuestra época: las adicciones, en especial aquellas vinculadas al consumo de drogas, y desde hace un tiempo, a los juegos de azar en línea. Estas problemáticas no distinguen edad, género ni condición social, y afectan tanto a quienes atraviesan la adicción como a sus familias y comunidades. Frente a este panorama, resulta fundamental afirmar que nadie está solo y que siempre hay posibilidades de salir adelante.
Las conductas adictivas no surgen de la nada ni son producto de una elección individual aislada. Suelen estar profundamente ligadas a situaciones de exclusión social, la falta de oportunidades educativas o laborales y, especialmente, a la soledad no deseada. Cuando una persona se siente marginada, sin un propósito claro ni una red de contención, el riesgo de buscar refugio en sustancias o en el escape virtual de los juegos de azar aumenta considerablemente. Es fundamental entender estas realidades para no estigmatizar ni juzgar, sino para acompañar y generar alternativas que devuelvan sentido y pertenencia.
Prevenir no es simplemente repetir “no te drogues” o “no juegues”. Eso, aunque bien intencionado, resulta insuficiente y desconectado de las realidades cotidianas. La verdadera prevención implica crear entornos seguros, fomentar proyectos de vida, escuchar activamente y estar presentes. Significa construir puentes, abrir espacios de diálogo y acompañar, sin juzgar, a quienes atraviesan momentos difíciles, organizar la esperanza. Se trata de ofrecer actividades recreativas, culturales y deportivas que permitan descubrir talentos y fortalecer vínculos, dando lugar a alternativas saludables.
La responsabilidad de prevenir las adicciones es compartida. La familia, como primer espacio de contención, juega un rol clave al ofrecer amor, escucha y límites claros. La escuela, más allá de lo académico, debe ser un lugar de inclusión y participación, donde cada estudiante se sienta valorado. Las organizaciones sociales, clubes, centros culturales y religiosos, aportan redes de apoyo y oportunidades para desarrollar habilidades y proyectos colectivos. Y el Estado, por supuesto, tiene la obligación de garantizar políticas públicas que promuevan la igualdad de
oportunidades, acceso al deporte, la cultura y la salud, así como la regulación y control de la oferta de sustancias y juegos de azar en línea.
En la Argentina, la solidaridad es uno de nuestros valores más fuertes. Frente a la exclusión y el dolor, podemos transformar heridas en oportunidades de crecimiento, acompañando y comprometiéndonos con quienes más lo necesitan. Como nos enseña el Papa León XIV, “debemos recordar que el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite” (MH 118). El amor abraza la fragilidad y la transforma. Cada acción, por pequeña que parezca, suma: una palabra de aliento, un proyecto comunitario, la participación en una campaña barrial o la creación de espacios de escucha. Prevenir es también animarse a tender la mano, a involucrarse activamente y a creer en la capacidad de resiliencia de cada persona y comunidad.
La Pastoral Nacional de Adicciones y Drogadependencia nos dice en su Mensaje por este 26 de junio, Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas: “Surge la realidad de los niños y adolescentes. En muchas familias conviven dos o tres generaciones de personas atravesadas por la realidad del consumo. Esta situación genera que muchos menores no tengan un adulto que pueda contenerlos en esta etapa tan frágil de la vida, lo que los deja a merced de que también ellos continúen repitiendo el destino trágico de sus padres y abuelos. La baja en la edad de imputabilidad de menores y la alta tasa de suicidios adolescentes son dos realidades que se suman y nos implican en un plano tan concreto como angustiante. Consideramos clave el fortalecimiento de la relación parroquias-escuelas para la prevención, detección temprana y acompañamiento de las realidades que viven niños, jóvenes y familias”.
La lucha contra las adicciones no se gana en soledad ni con recetas mágicas. Es un camino de construcción colectiva, donde la esperanza nace del compromiso cotidiano y la convicción de que toda vida es valiosa y merece ser vivida plenamente. Recibamos la vida como viene renovando el compromiso que se resume esta frase: Ni un pibe menos por la droga.
Mañana lunes 29 de junio es la solemnidad de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, “día del Papa”. Recemos por León XIV y su prédica en favor de la Paz.

