San Juan, 30 de mayo de 2026
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León del XIII al XIV

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Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano

Cuando el Cardenal Roberto Prevost fue elegido Papa el 8 de mayo del año pasado tuvo que optar por un nombre, y decidió ser llamado León XIV, para mostrar el peso de los desafíos de hoy en relación al tiempo de auge de la revolución industrial. Su predecesor, León XIII, reconocido como el iniciador de la Doctrina Social de la Iglesia, fue el autor de la primera Encíclica Social a la que tituló Rerum Novarum. El pasado 15 de mayo, al cumplirse los 135 años de aquel acontecimiento, el Papa León XIV firmó la Encíclica Magnifica Humanitas (significa “La Magnífica Humanidad”), un documento que invita a reflexionar sobre la custodia de la persona humana en tiempos de vertiginosos avances tecnológicos.

Este documento del Santo Padre busca fortalecer el compromiso con la dignidad humana en un contexto marcado por la revolución digital y la irrupción de la inteligencia artificial.

En 1891, León XIII puso luz en un momento en el que las transformaciones industriales alteraron profundamente la estructura social y laboral, y se posicionó ante los problemas de explotación, desigualdad y alienación, proponiendo una visión cristiana de justicia y solidaridad. Fue un llamado a discernir las grandes tendencias y a buscar soluciones éticas frente a las nuevas realidades.

La actual Encíclica es un recordatorio de que la Doctrina Social de la Iglesia “no es un conjunto estático de conceptos, sino un corpus vivo de verdades, que custodia e interpreta la vocación de la humanidad a una vida plena y justa” (MH 3), dispuesta a dialogar con los desafíos contemporáneos, especialmente los que plantea la era digital.

El Papa aborda la custodia de la persona humana en un contexto donde la tecnología redefine los límites de la vida cotidiana. Advierte que “debemos pedirle a Dios la sabiduría para interpretar las grandes tendencias de nuestro tiempo” (MH 4). Esta sabiduría —dice— es necesaria porque “se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?” (MH 6). Nos exhorta a una evaluación profunda de las rutas que la humanidad está tomando. En tiempos de cambio acelerado, la Iglesia propone que estas preguntas se conviertan en brújula ética, guiando el discernimiento y la acción. Más allá del entusiasmo por la innovación, urge recordar que el desarrollo tecnológico debe estar siempre al servicio del bien común.

La encíclica resalta la importancia de la prudencia y el discernimiento en la toma de decisiones, especialmente cuando las tecnologías emergentes parecen ofrecer soluciones automáticas a problemas complejos. El Papa insiste en que, pese a los avances de la inteligencia artificial, la responsabilidad última recae sobre la persona. “Por eso no es lícito confiar a sistemas artificiales decisiones letales o, en cualquier caso, irreversibles. No existe algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable” (MH 198), afirma, subrayando que sólo el ser humano puede custodiar la dignidad y los valores fundamentales.

El documento reconoce los aportes de la ciencia en áreas como la medicina y el clima, destacando cómo el progreso tecnológico ha mejorado la calidad de vida y permitido enfrentar crisis ambientales. Sin embargo, el Papa critica duramente el uso de estos avances en la guerra, lamentando que la inteligencia artificial y la tecnología se empleen para diseñar armas cada vez más destructivas.

Magnifica Humanitas se erige como una guía para interpretar las tendencias actuales, recordando que la custodia de la persona humana es tarea irrenunciable. El Papa León XIV, en continuidad con León XIII, nos desafía a ejercer discernimiento, prudencia y responsabilidad en un mundo cada vez más mediado por la tecnología. En definitiva, la encíclica convoca a una ética del cuidado, donde el progreso científico y tecnológico esté siempre subordinado a la dignidad y el bien común. El futuro nos interpela: ¿seremos capaces de custodiar la humanidad en la era de la inteligencia artificial?