San Juan-Opinión

La Educación Superior, enfrentará retos claves en el futuro y sus desafíos de post pandemia

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La educación también arrastraba una serie de déficits en múltiples aspectos y, aunque aún no podemos dimensionar los efectos que tendrá la pandemia, sí sabemos que nos enfrentamos a una disyuntiva histórica: regresar a la “normalidad” previa o atrevernos a repensar la educación superior.

Por el Prof. Lic. Fernando A. Ocampo Bravo

Entre las actividades y hábitos que se vieron modificados por la pandemia de coronavirus, la educación no estuvo ajena. Lo que antes era presencial, pasó a ser necesariamente virtual, tanto para resguardar la salud de alumnos y cuerpo docente, como para mantener la continuidad de las clases.

La educación universitaria tuvo resultados diversos, de acuerdo a las instituciones y a cómo fue gestionada la crisis en cada una de ellas: con qué recursos tecnológicos contaron, qué capacitaciones debió realizar el cuerpo docente, cuál fue la respuesta del alumnado. Si en el nivel de educación superior se dio la continuidad de las clases, fue gracias al esfuerzo de autoridades, docentes y alumnos

Uno de los principales desafíos de la pandemia fue el confinamiento, que forzó a realizar las actividades de forma telemática ó a distancia virtual. Al respecto, el hacerlo en tiempo real no fue tarea fácil, pero que lo más perjudicial para los alumnos fue que ésta modalidad dificulta chequear sus avances y desarrollar un aprendizaje más profundo.

Asimismo, para contrarrestar los efectos de la brecha digital, varias Casa de Estudios Superiores a Nivel Nacional e Internacional, pusieron a disposición de todos los estudiantes, licencias de programas que les permitieran desarrollar su trabajo en clases y en equipos con sus compañeros. También se dotó en algunas Universidades a aquellos alumnos que necesitaban de computadores y banda ancha, para que pudieran continuar con sus carreras, se hizo un gran esfuerzo, de varias Instituciones Públicas y Privadas, entre Directivos, académicos y docentes.

Las clases presenciales y la interacción personal de los alumnos con los profesores y compañeros es fundamental, para una experiencia profunda. No obstante, hay ciertas materias o cátedras que conviene hacerlas online, debido a razones metodológicas. La enseñanza remota ha sido beneficiosa para los alumnos internacionales y de otras Provincias de la República Argentina, que quieren acceder a los postgrados de las Universidades Argentinas o en su defecto Internacionales..

Con relación al inicio de clases 2022, varias Universidades, por ejemplo en el país vecino de Chile, están insistiendo en la presencialidad lo mayor posible. De todas formas, están preparando un programa llamado “blender”, que consiste en una parte online y otra presencial.

La formación de los alumnos con las habilidades del siglo XXI. Se entiende que el aprendizaje excesivamente especializado, que caracteriza a las universidades en el mundo, está de salida; lo que se requiere es una enseñanza más transversal y que amplíe la mirada”.

La tarea como Universidades, es ir generando instancias de interacción de distintos saberes, para producir profesionales más preparados, “eso es clave en la educación superior de hoy por hoy”.

Desafíos de la post-pandemia

Aunque la pandemia llegó para cambiarnos, las preguntas que caben son: ¿cómo cambiar? ¿Hacia qué dirección? ¿Se volverán a los antiguos hábitos? La educación superior del futuro requiere ser repensada de esta manera, él salir de la binomia “clases presenciales” o “a distancia”, poniendo sobre la mesa una tercera dimensión que abarque lo mejor de los dos mundos.

Se podría plantear la utilización de las mejores capacidades de ambas modalidades, las que están estandarizadas en la Ley de Educación Superior, para contar con la posibilidad de tomar clases sincrónicas con la Plataforma digitales de las Universidades – aprovechando la fortaleza de la presencialidad -, al tiempo en que se optimizan los recursos de las plataformas de enseñanza, como los recursos multimediales y las actividades – fortalezas de la distancia -, sin perjudicar el concepto de disponibilidad que permite al alumno tener siempre a su disposición la clase sincrónica, por ejemplo no.

Deberíamos repensar la educación presencial con clases mediadas por la tecnología. Esto es lo transformador. Por ejemplo, no nos sirve tener 50 ó 60 alumnos sentados con una capacidad de atención limitada. Tenemos que ocupar los mismos espacios que ocupan los alumnos en sus hábitos cotidianos. Mientras la educación pueda repensarse a los hábitos de los nativos digitales, vamos a mejorar mucho la performance académica.

Con esto podemos lograr una revolución cultural dentro de la educación. La Ley de Educación Superior tiene dos instancias bien definidas, la presencial y la educación a distancia. Ahora estamos atravesando una transversalidad de estas dos modalidades. Durante años se dictó clases con tiza y pizarrón. Ahora estamos a las puertas de algo nuevo y ver con qué tecnología vamos a ingresar al siglo XXI. Vamos por ese camino innovador y futurista a la vez.

Es importante tener un plan de contingencia en las instituciones universitarias para las eventualidades que se puedan presentar en el futuro. Crear mecanismos que permitan el desarrollo de la información pública en su modalidad a distancia, para que la información no se detenga operando los sistemas de información y comunicación en remoto. Además, se deben utilizar las plataformas de aprendizaje en línea o el campus virtual, para seguir facilitando el aprendizaje de los estudiantes a distancia, así como algunas de las múltiples aplicaciones y plataformas educativas abiertas, teniendo presente que parte de los estudiantes solo puedan utilizar dispositivos móviles.

Las posibles soluciones no se deben asociar, solamente, a una inversión considerable de tecnología de punta, sino que es necesario el trabajo mancomunado, colaborativo y elaborar proyecciones de trabajo que fortalezcan a la sociedad de la información, tomando en cuenta las necesidades de las universidades, las instituciones y el país en general.

Con todo, el gran desafío que deberemos enfrentar las universidades son las nuevas profesiones que demandará este mundo globalizado y las nuevas competencias que deberán alcanzar nuestros médicos, abogados, ingenieros, profesores, en definitiva, todas aquellas profesiones llamadas tradicionales, para moverse con flexibilidad en un mundo digital. Todo lo cual supone un cambio de paradigma en la forma cómo enseñamos, qué enseñamos y cómo logramos asegurar aprendizajes efectivos cuando parte de la formación no se dará en aulas como las conocemos hoy, sino que será en plataformas digitales, laboratorios multimediales y de simulación o en aulas híbridas.

Frente a cambios tan disruptivos en la forma de enseñar y aprender, las renovaciones curriculares serán un continuo en que la flexibilidad y la articulación de saberes interdisciplinarios debe ser el corazón de la innovación docente.

La digitalización y el desarrollo de infraestructura tecnológica en las universidades pasa a ser uno de los principales ejes de la gestión, debiendo dotar de todas las capacidades y competencias a funcionarios y profesores para que formen personas, investiguen en sus distintas disciplinas y transfieran conocimiento usando estas nuevas herramientas tecnológicas y globales.

Es conveniente que estos desafíos no los enfrentemos solos, y que nos concentremos en la búsqueda de alianzas internacionales o socios estratégicos globales que posibiliten el desarrollo y permanencia de las universidades. Ante esto el principal activo que tendrán las universidades regionales es lo propio o endémico de sus territorios, no solo como conocimiento genuino y original sino poniendo a disposición la riqueza de su entorno como laboratorio natural.