San Juan, 15 de agosto de 2026
DestacadasVideos

Infancia, tiempo de cuidar y estimular

Compartir en tus redes

Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano

Solemos identificar a la infancia como un tiempo de mirada mágica del universo. Dedicar anualmente una fecha para celebrar a los niños y niñas es un recordatorio profundo de la responsabilidad que tenemos como adultos de cuidar y estimular a quienes atraviesan este periodo tan crucial de la vida. Es una etapa de fantasía, descubrimientos, alegría, y también de fragilidad y necesidad de acompañamiento.

Los más pequeños viven en un mundo donde todo es posible. El juego es su herramienta principal para explorar, aprender y crecer; las aventuras con amigos, las risas compartidas y las historias inventadas nutren su imaginación y les permiten desarrollar vínculos afectivos. Cada escondite, cada ronda de saltos, cada dibujo en el cuaderno es una oportunidad para experimentar alegría y construir recuerdos que acompañarán toda la vida.

Como padres, educadores o miembros de la comunidad, nuestra misión es ser guías, protectores y facilitadores. Los niños necesitan adultos atentos, que los escuchen y estimulen su curiosidad. No se trata solo de proveer bienes materiales, sino de ofrecer tiempo, afecto y espacios seguros para crecer. Un adulto presente puede marcar la diferencia en el desarrollo emocional y cognitivo de cada niño.

Cuidar es también fortalecer la iniciación en la fe. Descubrir a Dios como Padre creador de todo el universo, a Jesús como el amigo fiel que entrega su vida por amor, a la Virgen María como la Madre que siempre cuida con ternura. Es clave enseñar a rezar para desplegar la confianza en Dios de misericordia.

En la actualidad, las pantallas y la tecnología han invadido el día a día de chicos y grandes. Si bien pueden ser herramientas educativas y de entretenimiento, el abuso puede llevar a problemas de salud, falta de interacción social y dificultades en el desarrollo. Es clave establecer límites, propiciar juegos reales y fomentar vínculos humanos, priorizando la comunicación cara a cara y el contacto con el entorno.

Cada niño tiene su propio ritmo. Es fundamental respetar las etapas del desarrollo, sin presionar ni exigir logros prematuros. El apuro por crecer puede llevar a frustraciones y a la pérdida de experiencias esenciales. Permitirles ser niños, disfrutar de su inocencia y vivir cada momento es el mejor regalo que podemos ofrecerles.

El cuidado físico es tan importante como el emocional. Las revisiones médicas periódicas, la vacunación y una alimentación equilibrada son pilares para un crecimiento saludable. Enseñar hábitos de higiene y actividad física desde pequeños les dará herramientas para cuidar su cuerpo y prevenir enfermedades. Sabemos que la mitad de los menores de 18 años viven en hogares por debajo de la línea de pobreza, y esto conlleva postergaciones que afianzan las inequidades.

La escuela es mucho más que un espacio de aprendizaje académico. Es el lugar donde los niños aprenden a convivir, a respetar, a dialogar y a construir valores. Los educadores cumplen un rol invaluable, pero el acompañamiento familiar es imprescindible. Fomentar el desarrollo de habilidades, la curiosidad y el pensamiento crítico es una tarea compartida entre hogar y escuela.

La violencia, en cualquiera de sus formas, afecta gravemente el desarrollo de los niños. Es responsabilidad de los adultos detectar, prevenir y denunciar situaciones de riesgo. Los niños deben sentirse seguros, protegidos y apoyados. La fragilidad de la infancia exige que seamos vigilantes y solidarios, generando espacios donde puedan expresarse y crecer sin miedo. Poner drogas y armas en sus manos es un delito aberrante, así como la trata con fines de explotación sexual o laboral.

Los niños son frágiles y necesitan de nuestro cuidado. Cada gesto, palabra y acción cuenta. En este Día del Niño, renovemos nuestro compromiso de acompañar, estimular y proteger a la infancia. Cuidar a un niño es cuidar el futuro de toda la sociedad.