San Juan, 11 de julio de 2026
DestacadasVideos

¿Hacia dónde vamos? Preguntas decisivas en tiempos de incertidumbre

Compartir en tus redes

Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano

La humanidad se encuentra en un cruce de caminos. Por un lado, los avances en ciencia y tecnología han abierto posibilidades inéditas; por otro, crece la sensación de incertidumbre, miedo y desconexión. Nos vemos impulsados por una permanente búsqueda de sentido, pero a menudo falta una visión compartida sobre qué es lo verdaderamente esencial. La pregunta sobre el rumbo colectivo no tiene respuestas sencillas ni instantáneas, y menos aún definitivas.

En este tiempo de aceleración y cambios continuos, surgen interrogantes que atraviesan la vida de todos. El Papa León XIV nos advierte que “se imponen en nuestra conciencia preguntas decisivas, que ya no pueden eludirse: ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia qué meta deseamos orientarnos? ¿Qué dirección elegir como comunidad humana y como pueblos?” (MH 6). No son simples inquietudes abstractas, sino preguntas decisivas que moldean el rumbo colectivo y la experiencia personal de cada uno de nosotros.

El progreso técnico ha transformado el mundo. Las innovaciones nos permiten comunicarnos instantáneamente, automatizar tareas y acceder a información ilimitada. En muchos casos, la tecnología ha potenciado la productividad y la eficiencia, pero también ha incrementado la presión, el ritmo frenético y la vulnerabilidad ante nuevas formas de aislamiento. Y ni qué hablar del descarte de los más lentos o frágiles.

Mirando hacia el futuro, surgen visiones de sociedad que oscilan entre utopías de cooperación y escenarios de conflicto. Los desafíos más urgentes incluyen construir espacios de diálogo genuino, promover la inclusión y evitar que la tecnología se convierta en una barrera más que en un puente. El reto está en reconciliar la diversidad, fomentando una cultura en la que la diferencia no sea motivo de enfrentamiento, sino oportunidad para aprender y crecer juntos.

Paradójicamente, en la era de las redes sociales y la conexión permanente, “estamos más solos que nunca” (Papa Francisco). El diálogo profundo con quienes piensan distinto se vuelve cada vez más difícil; prevalece la tendencia a encerrarse en burbujas de opinión y a evitar el intercambio genuino. En este contexto, las adicciones emergen como formas de evasión ante el malestar y la falta de sentido. No solo hablamos de sustancias: el consumo compulsivo de tecnología, la dependencia del trabajo, el juego de azar y las redes sociales son ejemplos de cómo buscamos escapar. ¡Es impresionante la cantidad de propaganda para las apuestas on line en los partidos del mundial! Como expresaba un texto de hace unos años de la Conferencia Episcopal, “si es por plata ya no es un juego”.

Estas adicciones pueden anestesiar temporalmente la incomodidad, pero a largo plazo profundizan el aislamiento y la incapacidad de enfrentar la vida con plenitud. El riesgo es perder la libertad interior, quedando atrapados en rutinas que no aportan crecimiento auténtico.

La persistencia de la guerra, en distintas partes del mundo, es otra señal de los desafíos que enfrentamos. A pesar de los avances, los conflictos armados continúan, generando muerte, sufrimiento, desplazamiento y miedo.

En medio de todas estas preguntas, riesgos y desafíos, la perspectiva espiritual ofrece una luz distinta. La presencia de Jesús, aún hoy, invita a encontrar esperanza y sentido en la confianza, el perdón y la solidaridad. Dios sigue susurrando al corazón «No temas, porque yo estoy contigo» (Isaías 41, 10), especialmente en los momentos de soledad y miedo, ofreciendo un aliento que va más allá de lo inmediato. En la búsqueda de felicidad y plenitud, el encuentro con Él en la comunidad cristiana es fuente de fuerza y guía, recordándonos que el camino hacia una sociedad más justa y humana implica también el reconocimiento de nuestra dimensión interior.

Las preguntas pueden resultar incómodas; pero son necesarias. El avestruz mete la cabeza en la tierra; no hagamos lo mismo.

El jueves pasado, en la ciudad bonaerense de San Nicolás de los Arroyos, se presentó el libro Carlos Ponce de León. Retrato de un pastor inolvidable de la hermana carmelita Lucía de Jesús Hermano, que recoge las voces de los testigos de la vida del obispo Ponce y también de su muerte: “Ponce es uno de los grandes: un tesoro de mártir, una joya de creyente, una mina de vida evangélica que aun aguarda la posibilidad de brindarle a la Iglesia toda la fuerza y la belleza de su luz”, dice la autora en su prólogo. El lugar elegido fue la Casa Don Bosco donde también se da vida al Hogar de Cristo. Ponce allí se hubiera sentido en casa.