San Juan-Opinión

“El Devenir de la Independencia Nacional”

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De lo general a lo particular, lo que uno tiene que saber de nuestra historia independentista:

Por el Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo

Antes de las Guerras de Independencia

La parte norteña del Cono Sur (el norte de Chile, norte de Argentina, Paraguay) estaba en el ámbito del Imperio Inca, y cayó bajo el control español en el siglo XVI más o menos de la misma forma que Perú y Bolivia. Pero las partes más sureñas del continente estaban más remotas, menos ricas en oro y plata, y tenían un terreno más difícil, entonces lógicamente los españoles tardaron más tiempo en extender su control hasta allí. Las tribus indígenas del sur de Chile, los araucanos y mapuches, fueron particularmente resistentes a la conquista.

Pero ya para el siglo XVIII los sistemas coloniales estaban arraigados e incluso estancados en cuanto a su burocracia extensa y lenta, y en cuanto a su sesgo hacia el beneficio español a expensas de los intereses americanos. Las unidades de administración más grandes en la época colonial eran los Virreinatos (el Virreinato del Río de la Plata incluía Argentina, Uruguay, Paraguay, parte de lo que hoy es Bolivia, además de parte del sur de lo que hoy es Chile), y las Capitanías Generales (la Capitanía General de Chile incluía solamente la parte de su costa pacífica, porque lo que hoy es el norte de Chile era en aquel entonces parte del Virreinato de Perú). Dentro de esas unidades, la geografía física y la ubicación de asentamientos dictaba la organización de provincias regionales o intendencias, por ejemplo Asunción era la capital de una intendencia colonial. Y así es que cada región iba desarrollando un sentido propio de identidad incluso antes de independizarse de España.

Ya para finales del siglo XVIII, la corona española se preocupaba mucho por el tráfico ilícito (sin pago de impuestos y sin ganancia ninguna para España) que los rioplatenses mantenían con representantes de países rivales, y España intentaba proteger sus intereses coloniales contra el poder creciente de Inglaterra, en particular. Buenos Aires, por su parte, era uno de los centros comerciales del continente, y resentía duramente los controles coloniales que la corona española intentaba imponer. Al mismo tiempo llegaron a Sudamérica las ideas de la Ilustración sobre la libertad y sobre la administración racional y equitativa de los bienes comunes (ideas que contradecían los sistemas coloniales, que fueron construidos a base de privilegiar a los colonizadores).

La chispaque incendió los fuegos de la independencia en el sur de Sudamérica (como lo hizo en el norte y en México) fue la ocupación napoleónica de España en 1808. Hubo juntas patrióticas en la Península que resistían la ocupación francesa, y similarmente en las Américas se organizaron juntas patrióticas. Al principio (1810) la Primera Junta de Buenos Aires decía que estaba a favor de devolver el trono español a Fernando VII de Borbón, pero pronto los eventos y los líderes argentinos giraron en la dirección de favorecer la independencia. Y cuando Fernando VII volvió al trono español en 1814 y comenzó sus intentos de restablecer su control sobre las colonias americanas, ya era demasiado tarde y comenzaron abiertamente las Guerras de la Independencia.

José de San Martín

José de San Martín había nacido en la Argentina, pero se mudó con su familia a España cuando todavía era un niño, y allí hizo sus estudios y comenzó su carrera en las fuerzas militares españolas, desde la posición de cadete a la edad de once años. Luchó en varias campañas españolas, subiendo con el tiempo al rango de teniente coronel; luego sirvió en la lucha contra la ocupación francesa, pero en 1812 se puso en contacto con la Primera Junta de Buenos Aires, ofreciéndoles sus talentos formidables como líder militar, y volvió a su país natal.

Las Guerras de Independencia

Cuando San Martín llegó a Argentina, los patriotas ya llevaban varios años luchando contra las tropas realistas, las cuales controlaban partes importantes del Alto Perú (hoy Bolivia) y también Montevideo. La batalla de Tucumán en 1814 terminó el peligro realista desde el norte, y varias acciones terrestres y navales luego echaron a los realistas de Uruguay. San Martín aceptó ser gobernador de la provincia argentina de Cuyo y desde allí comenzó organizando una expedición para liberar Chile; su meta eventual era echar a los realistas del Perú, pero aprendió por las derrotas de los años 1810-1814 que no tendría éxito al intentar conquistar Perú por camino de Bolivia. Entonces decidió cruzar los Andes, tomar Chile, y luego llegar a Perú en barcos.

El Monumento al Ejército de los Andes en el Cerro de la Gloria está en un parque en la ciudad de Mendoza, Argentina. Fue diseñado por el escultor uruguayo Juan Manuel Ferrari e inaugurado en 1914.

El Ejército de los Andes se componía de argentinos como el general San Martín y el brigadier Juan Gregorio Las Heras, y chilenos como el brigadier Bernardo O’Higgins. Se dividió en varias columnas, dos principales (una a carga de Las Heras y la otra bajo San Martín mismo) y otras secundarias, y San Martín también desempeñó una campaña de desinformación con el resultado que las tropas realistas en Chile no sabían dónde los patriotas iban a atacar. En el verano de 1817 las columnas del Ejército de los Andes cruzaron la cordillera sin incidente, llegando no sólo precisamente cuando y dónde debían, sino listos para luchar (en contraste con el cruce de los Andes que hizo Simón Bolívar en Colombia poco después—recordemos que el Libertador del norte perdió más de la mitad de sus hombres por no estar preparados para el terreno). Luego de cruzar los Andes, San Martín comenzó la campaña de frentes múltiples tan cuidadosamente planeada de antemano. Su primera victoria en Chacabuco, y la decisiva en Maipú, liberaron la mayor parte de Chile. La gente de Chile quiso nombrarle a San Martín el jefe de su nueva nación, pero él dijo que mejor debía ser un chileno y propuso que O’Higgins lo hiciera.

La Entrevista de Guayaquil y retirada de San Martín

La situación política en Argentina fue complicada con rivalidades entre los líderes de Buenos Aires y los de otras ciudades que llegaban a la violencia y casi la guerra civil; una vez que San Martín estuvo en Chile, el gobierno argentino dejó de mandarle apoyo material para la siguiente fase de la guerra. Pero eventualmente San Martín logró organizar los barcos y las tropas para la Expedición Libertadora del Perú, y después de derrotar a tropas realistas en varias batallas, entró en Lima en 1821.

Pero las fuerzas realistas estaban fuertemente establecidas en la zona cerca de Ayacucho, y San Martín se veía sin fuerte apoyo ni del gobierno argentino (sumido en conflictos internos) ni el chileno. Y Simón Bolívar acababa de liberar el Ecuador y planeaba su propia liberación del Perú—había que llegar a algún tipo de acuerdo si los dos ejércitos libertadores iban a evitar entrar en conflicto entre sí. No sabemos precisamente qué dijeron cuando Bolívar y San Martín se reunieron el 26-27 de julio de 1822 en Guayaquil: hablaron a solas, sin testigos, y no tomaron apuntes. Pero después de la Entrevista de Guayaquil, el general José de San Martín se retiró de sus puestos militares y civiles, y volvió a la Argentina. Simón Bolívar tomó el mando de todas las tropas y derrotó a las últimas fuerzas españolas en Sudamérica.

Al llegar a Buenos Aires en 1823, poco después de la muerte de su esposa por una enfermedad, San Martín encontró la situación política insostenible, y se fue al exilio en Europa con su hija. Vivió allí muchos años, manteniendo correspondencia y siguiendo desde lejos los eventos tumultuosos en su patria, hasta su muerte en Francia a la edad de 72.

El Día de la Independencia de la República Argentina se celebra cada 9 de julio

El 6 de julio de 1826, Bernardino Rivadavia, presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, ordenó que el 9 de julio se conmemorase juntamente con el 25 de mayo pues consideraba que la repetición de estas fiestas irroga perjuicios de consideración al comercio e industria.

Pero Juan Manuel de Rosas, durante su segundo gobierno, y a punto de celebrar los 20 años de la Declaración de la Independencia, dispuso mediante un decreto promulgado el 11 de junio de 1835, que la celebración del 9 de julio debía hacerse con los mismos preceptos que el 25 de mayo.

Se reproducen aquí los artículos 1º y 2º del mencionado decreto:

Art. 1º- En lo sucesivo el 9 de julio será reputado como festivo de ambos preceptos, del mismo modo que el 25 de mayo; y se celebrará en aquel misa solemne con Te-Deum en acción de gracias al ser Supremo por los favores que nos ha dispensado en el sostén y defensa de nuestra independencia política, en la que fuese posible, el muy Reverendo Obispo Diocesano, pronunciándose un sermón análogo a este memorable día.

Art. 2º- En la víspera y el mismo día 9 de julio, se iluminará la ciudad, la Casa de Gobierno y demás edificios públicos, haciéndose tres salvas en la Fortaleza y buques del Estado, según costumbre.

Para concluir, no podemos ser un país soberano e independiente, si tenemos desunión entre nosotros mismos, desde esos tiempos a la actualidad, los caudillismos no funcionan en una sociedad, quebrada agrietada entre hermanos, tanto en el pasado como en el presente, debemos responsabilizarnos como cuidadnos y poder trabajar por un nuevo devenir y un país fuerte, eso fue, en los que pensaron nuestros próceres de antaño, esa quimera sería ideal.

Publicado el Sábado, 09 de Julio de 2022