San Juan, 20 de abril de 2026
OpinionesVideos

El desafío de la Espiritualidad Vísperas de San José el Santo del Silencio

Compartir en tus redes

Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano

Oídos atentos:

«Escucha activa» que propone el desafío del Sínodo.

Corazón en Dios:

Resume la Espiritualidad como «estar con Vos» y la amistad con Jesús.

Manos abiertas a los hermanos:

Traduce la Misión y el servicio concreto del lavatorio de pies.

 

Quinta Meditación

El desafío de la Espiritualidad Vísperas de San José — Espiritualidad cotidiana inspirada en el Santo del Silencio

La Espiritualidad no es un apartado de la vida cristiana; un apéndice que no se nota y da lo mismo si está o no. Es la fe vivida en la existencia cotidiana.

Está en el origen de nuestra experiencia vocacional en los diversos estados de vida, carismas y ministerios.

Texto bíblico: Marcos 3, 13-15

“Él subió a la montaña y llamó a su lado los que quiso. Ellos fueron hacia él, y Jesús instituyó a doce para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar, con el poder de expulsar a los demonios”.

Jesús llama y forma discípulos: diferente a otros maestros

El Evangelio nos recuerda que Jesús no elige a los mejores según criterios humanos (lo sabemos por experiencia propia). Llama a quienes Él quiere, y les da una misión. A diferencia de los maestros de su tiempo, que esperaban que los discípulos los buscaran, Jesús toma la iniciativa y elige personalmente a sus amigos, los invita a estar cerca de Él, a compartir su vida y su misión. El discipulado comienza siempre con una llamada, y es respuesta a una invitación gratuita del Señor.

Es importante considerar que el Señor los llama juntos, para estar juntos con Él, y para juntos enviarlos a predicar. Desde el inicio hay un acento en la conformación de una comunidad apostólica. También al final de los evangelios encontraremos a los apóstoles y discípulos unidos en comunidad al recibir el Espíritu Santo y ser enviados a todas las naciones.

Notemos que en “la escuela de Jesús” no hay clases teóricas de filosofía o historia de la religiones. El llamado es a estar juntos con Él, a compartir la vida en diversos lugares. Es un grupo itinerante, de ciudad en ciudad, para anunciar la cercanía del Reino. Se “aprende” al compartir la vida del Maestro; escuchar, mirar, acoger, dialogar. Parte del discipulado es la misión, “para que estuvieran con Él y enviarlos a predicar”. No nos llama a la tranquilidad acogedora del nido, o la seguridad de la cueva. Desde el inicio está esta dimensión comunitaria y de envío.

La espiritualidad cristiana nos une comunitariamente con Jesús, como la vid y los sarmientos. Y nos impulsa a la misión como familia de los hijos de Dios. “Nos libera del aislamiento del yo” (Benedicto XVI, Discurso inaugural de
Aparecida).

San José, modelo de fe silenciosa y obediente

Al acercarnos a la fiesta de San José, la Iglesia nos invita a mirar al esposo de María, padre adoptivo de Jesús, no solo como un personaje de la historia, sino como un verdadero modelo de vida cristiana. San José es el hombre del silencio, aquel que enseña a vivir la fe de manera profunda y cotidiana. Su vida está marcada por la confianza y la obediencia a Dios, incluso cuando no entiende del todo lo que sucede a su alrededor. Su grandeza radica en hacer lo ordinario con un amor extraordinario.

Vida cotidiana, trabajo y familia

San José nunca escuchó la invitación de labios de Jesús, pero sí en sueños la voz de Dios. Respondió con todo su ser, dedicando su vida al cuidado de Jesús y María, en la sencillez de su casa, en el taller de carpintería, en las noches de incertidumbre y en las jornadas de trabajo honesto. Fue fiel en lo pequeño, silencioso en el sacrificio, y valiente en la adversidad. Su vida demuestra que la santidad se juega en lo cotidiano: en la responsabilidad con la familia, el trabajo bien hecho, la acogida de los planes de Dios aun cuando no coinciden con los propios proyectos.

San José nos enseña que la espiritualidad no es solo cuestión de grandes experiencias místicas, sino de vivir, cada día, en presencia de Dios. El silencio, la obediencia y la humildad son caminos seguros para descubrir a Dios en lo que para uno mismo y los demás permanece oculto. En el ruido del mundo, José se muestra como un faro para los que buscan vivir la fe sin estridencias, confiando en que lo sencillo y verdadero es lo que más agrada al Señor.

A José Dios le habló en los sueños en varias oportunidades. Para contarle que el embarazo de María era obra del Espíritu Santo; para advertirle de la necesidad de huir a Egipto porque Herodes buscaba al Niño para matarlo; para avisarle de la muerte de Herodes y regresara de Egipto. José escuchó a Dios y siguió sus indicaciones, que implicaron desprendimientos y grandes sacrificios.

Contemplando estas escenas en la vida de San José, pidamos la gracia de escuchar a Dios en los sueños, en aquellos anhelos profundos del corazón que nos mueven a dar pasos decididos de confianza y audacia tomados de la mano del Señor.

No pasemos por alto que José vivía la piedad de su Pueblo. A los cuarenta días del nacimiento de Jesús fue a ofrecerlo como primogénito al Señor.

Todos los años peregrinaba al Templo de Jerusalén con sus familiares y vecinos, como nos narra el evangelio de San Lucas. Seamos también nosotros seguidores de las tradiciones religiosas de nuestras familias y vecinos. Los Santuarios son lugares sagrados privilegiados para expresar la fe y experimentar el consuelo de Dios con otros.

Reflexión personal

Te invito a preguntarte en este día: ¿En qué aspectos de mi vida cotidiana siento que soy llamado a vivir una fe más silenciosa, obediente y confiada, como San José? ¿En el trabajo, en la familia, en las tareas más simples? ¿Estoy atento a las llamadas de Dios que llegan en los sueños y anhelos profundos?

Oración pidiendo la intercesión de San José

San José, custodio fiel de Jesús y María, modelo de fe silenciosa y obediente, te pedimos que intercedas por nosotros ante el Señor. Ayudanos a reconocer la presencia de Dios en lo cotidiano, a responder con generosidad y confianza a su llamado, tal como lo hiciste vos. Que nuestro trabajo, nuestra familia y cada momento sencillo de la vida diaria sean espacios donde podamos crecer en amor y entrega. Fortalecé nuestro corazón para vivir la fe en silencio, con humildad y alegría. Amén.

Para seguir meditando

Dilexi te

“En efecto, el Evangelio muestra que esta pobreza incidió en cada aspecto de su vida. Desde su llegada al mundo, Jesús experimentó las dificultades relativas al rechazo. El evangelista Lucas, narrando la llegada a Belén de
José y María, ya próxima a dar a luz, observa con amargura: «No había lugar para ellos en el albergue» (Lc 2,7). Jesús nació en condiciones humildes; recién nacido fue colocado en un pesebre y, muy pronto, para salvarlo de la
muerte, sus padres huyeron a Egipto (cf. Mt 2,13-15)” (DT 19).

“Hay algunos indicios a propósito de la condición social de Jesús. En primer lugar, Él realizaba el oficio de artesano o carpintero, téktōn (cf. Mc 6,3). Se trata de una categoría de personas que vivían de su trabajo manual. Además,
al no poseer tierras, eran considerados inferiores respecto a los campesinos.

Cuando el pequeño Jesús fue presentado en el Templo por José y María, sus progenitores ofrecieron una pareja de tórtolas o de pichones (cf. Lc 2,22-24), que según las prescripciones del libro del Levítico (cf. 12,8) era la ofrenda de
los pobres” (DT 20).

San Juan de la Cruz

“Más agrada a Dios una obra por pequeña que sea, hecha en lo escondido, que mil obras hechas con ganas de que las sepan los hombres; porque el que con purísimo amor obra por Dios, no solamente no se le da nada de que las sepan los hombres, pero ni lo hace porque lo sepa el mismo Dios; el cual, aunque nunca lo hubiese de saber, no cesaría de hacerle los mismos servicios con la misma alegría y pureza de amor” (Dichos de Luz y Amor 20).

“En este sueño espiritual que el alma tiene en el pecho de su Amado, posee y gusta todo el sosiego y descanso y quietud de la pacífica noche, y recibe juntamente en Dios una abisal y oscura inteligencia divina” (CB 15,22). 7

“Nunca te quieras satisfacer en lo que entendieres de Dios, sino en lo que no entendieres de él; y nunca pares en amar y deleitarte en eso que entendieres o sintieres de Dios, sino ama y deleitate en lo que no puedes entender y
sentir de él; que eso es, buscarle en fe” (CB 1,12).