San Juan, 2 de junio de 2026
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¿Cómo nos deberíamos preparar para comunicar una probable visita del Papa León XIV a la Argentina?

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España está siendo un laboratorio a cielo abierto. El mismo equipo que hizo historia en la JMJ Madrid 2011 está ejecutando hoy la visita de León XIV, y su experiencia ofrece una caja de herramientas valiosa para todos los que ya sueñan, rezan y trabajan por una posible visita del Papa a la Argentina. Estas líneas son, más que un análisis, una invitación a mirar juntos lo que España nos enseña.

Por José Miguel Illanes Fernández

Desde hace meses, la maquinaria organizativa y comunicacional de la Iglesia en España viene trabajando con un nivel de profesionalismo admirable para la inminente visita del Papa León XIV, programada del 6 al 12 de junio. No es un despliegue menor: el pontífice recorrerá más de 2.500 kilómetros visitando Madrid, Barcelona, Gran Canaria
y Tenerife, y pronunciará 12 discursos institucionales y pastorales. Detrás de este hito hay una estrategia meticulosa que arrancó en febrero con comités locales y capitaliza años de experiencia previa.

En Argentina, mientras la diplomacia nacional alimenta la expectativa de una gira papal para noviembre que incluiría a nuestro país junto a Uruguay y Perú, hay ya muchas personas —en diócesis, medios católicos, comunidades y movimientos— que vienen pensando, conversando y preparando el terreno con enorme generosidad y fe.

Esta nota está dirigida a ellas, con gratitud y con espíritu fraterno: no para señalar lo que falta, sino para compartir lo que la experiencia española puede aportar al camino que ya están recorriendo. Porque lo bueno de mirar a España es que la respuesta no hay que inventarla desde cero: está a la vista en lo que se está haciendo esta semana, y en lo que ya se hizo en 2011. Vale la pena, entonces, tomar esos aprendizajes y ponerlos sobre la mesa.

Primer aprendizaje: el equipo es el mayor tesoro

Una de las cosas más lindas de la experiencia española es comprobar quiénes están a cargo. El equipo que hoy lidera la comunicación de la visita papal es, en buena parte, el mismo núcleo que hizo historia en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid 2011.

Aquel encuentro marcó un antes y un después: el departamento de comunicación no fue una simple oficina de prensa, sino un actor estratégico transversal a toda la organización. Gestionó a miles de periodistas y apostó con audacia por las redes sociales para ir a buscar a los jóvenes donde ya estaban.

Hoy, para la visita de León XIV, el Cardenal José Cobo volvió a convocar a ese equipo de expertos —»viejos y nuevos», como señaló con cariño Yago de la Cierva, ex director ejecutivo de la JMJ—. Y eso encierra una enseñanza preciosa: cuando se construye un equipo con talento, creatividad y compromiso, ese capital humano no se disuelve al terminar el evento. Queda. Crece. Se vuelve a convocar. Es un tesoro que la Iglesia atesora y vuelve a poner a trabajar cuando hace falta.

La JMJ 2011 no solo dejó imágenes inolvidables de más de 1.500.000 jóvenes en las calles de Madrid: dejó profesionales formados, metodologías probadas y vínculos de fraternidad que hoy, quince años después, sostienen un desafío de escala similar. El trabajo bien hecho en comunicación eclesial siempre da fruto más allá del evento: toca personas, despierta vocaciones, une comunidades.

La buena noticia para Argentina es que ese tesoro también lo tenemos. En nuestro país hay comunicadores con muchísima experiencia en eventos masivos, en producción audiovisual, en redes y en periodismo eclesial. Muchos ya están en movimiento. El aprendizaje español simplemente nos anima a seguir reuniéndonos, articulando y
dándoles el lugar que merecen.

Segundo aprendizaje: un lema con alma lo cambia todo

Un ejemplo luminoso del trabajo español es lo que hicieron con el lema elegido: «Alza la Mirada». Lejos de quedarse en una frase institucional, lo convirtieron en un verdadero ecosistema de contenido. El corazón de ese ecosistema es una canción oficial homónima, de producción impecable, fresca y muy pegadiza, pensada para conectar con
las audiencias de hoy a través de las plataformas digitales.

«Alza la Mirada» no es solo un lema: es un ecosistema cultural. La canción tiene producción de primer nivel, ritmo actual y mensaje pastoral. El resultado es que se escucha en audífonos, en parroquias y en redes a la vez —exactamente lo que la comunicación eclesial está llamada a lograr hoy—.A partir de ese eje musical y conceptual, el equipo genera spots, clips y piezas audiovisuales de gran factura. Es un modo bellísimo de unir el mensaje espiritual con productos culturales que la gente disfruta y comparte, y muestra cómo se construye una identidad eclesial atractiva y cercana en el siglo XXI.

Acá hay una invitación preciosa para quienes ya piensan en la visita argentina: soñar nuestro propio «Alza la Mirada». Un concepto genuinamente nuestro —con la calidez, la alegría y el fervor del catolicismo argentino— capaz de tocar corazones mucho antes de que el Papa pise el suelo. No se trata de copiar a España, sino de inspirarnos en su
método y darle nuestra propia voz, esa que sabemos que tenemos.

Tercer aprendizaje: la claridad invita a sumarse

Otra cosa que España hace muy bien es la claridad. Han centralizado toda la narrativa y el llamado a participar en un único portal digital: conelpapa.es. Desde allí invitan, con una imagen muy gráfica, a poner «cabezas, manos y corazón»: talento, voluntarios y ganas de colaborar. Tener un único lugar donde todo se entiende, donde cada persona sabe cómo sumarse y qué se espera, transmite orden, confianza y entusiasmo.

No es algo nuevo: la JMJ 2011 ya había aprendido que un mensaje claro, coherente y repetido con cariño por todos los voceros es la mejor manera de unir voluntades. Cuando la comunicación es transparente y cercana, las dudas se despejan solas y el foco queda donde tiene que estar: en la alegría del acontecimiento que se prepara.

Un dato que ilumina los frutos de este camino: la Archidiócesis de Madrid superó sus previsiones de voluntariado, con casi 16.000 inscriptos —un 60% más de lo esperado— en apenas un mes. Eso pasa cuando hay una convocatoria bien pensada, mensajes que entusiasman y una identidad que genera pertenencia. Es la mejor noticia: la gente
quiere participar; solo necesita que la invitemos bien.

Cuarto aprendizaje: detrás de cada emoción hay un trabajo enorme

Vale la pena asomarse a una dimensión que casi nunca se ve, pero que es pura entrega. Para la misa del domingo 7 de junio en la Plaza de Cibeles —donde se esperan más de 1.500.000 personas— el despliegue es impresionante. Solo la cobertura televisiva de RTVE moviliza a más de 400 profesionales, 17 unidades móviles, 170 cámaras, helicópteros, drones y más de 100 kilómetros de cableado técnico repartidos entre Madrid, Barcelona, Gran Canaria y Tenerife, junto a miles de agentes y voluntarios de protección civil.

Cien kilómetros de cable para que un mensaje de fe llegue a millones de hogares. La cifra es casi una parábola. Lo que el espectador vive como un momento de emoción es, por detrás, el fruto de meses de trabajo silencioso, de planificación y de muchísima gente entregada. La emoción no se improvisa: se construye con amor y con oficio.

Mirando la visita argentina, este aprendizaje invita a soñar también con lo técnico: la coordinación con los canales públicos y privados, la infraestructura de transmisión, el cuidado de que las imágenes de calidad lleguen a todo el país y al mundo. Es una dimensión apasionante del trabajo, que se nutre de mucho oficio y de mucha planificación amorosa.

Quinto aprendizaje: cada tiempo y cada pueblo es único

Hay una observación que los analistas vienen compartiendo estos días: la España que recibe a León XIV en 2026 no es la misma que vibró con la JMJ de 2011, entonces con Benedicto XVI. El clima cambió, las audiencias consumen información de otra manera, las redes que entonces eran una apuesta hoy son el corazón de la conversación. Por eso
el equipo organizador no repite el manual de hace quince años: lo relee con sabiduría, a la luz de un tiempo nuevo.

Esta es, quizás, la enseñanza más delicada y más hermosa para Argentina. No se trata de calcar lo que hizo España, ni siquiera lo que España hizo en 2011, sino de tomar el método —la anticipación, el cuidado del mensaje, el amor por el equipo, la creatividad— y traducirlo a nuestra propia realidad: a una Argentina con su historia, su fervor y su modo único de vivir la fe. El catolicismo argentino tiene una identidad inconfundible, y la comunicación de una visita debería sonar entrañablemente nuestra.

Da alegría, además, ver que ya hay periodismo especializado siguiendo esta agenda con cariño y rigor. Programas como «Descifrando a León» —con Javier Martínez Brocal, Inés San Martín y José Manuel De Urquidi— vienen analizando semana a semana cada detalle de la visita a España y los movimientos del pontífice, incluida la primicia de su intención de viajar a Perú y Argentina. Es una hermosa muestra de que el ecosistema de comunicación católica de habla hispana está vivo y atento, y de que sumarse a esa conversación es más fácil de lo que parece.

Sexto aprendizaje: prepararse es, en el fondo, un acto de fe

Hay una lógica que la JMJ 2011 vivió y que vale la pena abrazar: la preparación de un acontecimiento así no empieza el día de la confirmación oficial, sino mucho antes, en el silencio del trabajo que nadie ve. El equipo de Madrid dedicó más de dos años y medio a pensar, diseñar y construir antes de que el Papa —entonces Benedicto XVI— pusiera un
pie en España. Y esa anticipación fue justamente la que permitió que, cuando llegó el momento, todo fluyera con naturalidad.

Prepararse antes de tener certeza no es adelantarse: es confiar. Es creer que el encuentro va a suceder y querer estar a la altura del regalo. En ese sentido, preparar la comunicación de una visita papal es, en sí mismo, un acto de fe y de esperanza: se trabaja desde la ilusión de lo que viene. Quienes ya están en ese camino en Argentina lo saben bien, porque es exactamente lo que vienen haciendo.

La historia también nos acompaña. La última visita papal a la Argentina fue la de Juan Pablo II en abril de 1987, cuando recorrió diez ciudades en seis días y reunió a casi cuatro millones de personas. Aquel despliegue requirió meses de preparación. Hoy, con redes sociales y producción audiovisual en tiempo real, el desafío es de otra escala, pero también lo son las herramientas y la experiencia que tenemos a mano. Una posible hoja de ruta, para seguir construyendo juntos

Recogiendo los aprendizajes de la JMJ 2011 y de la visita a España, van algunas ideas que tal vez nos puedan acompañar y enriquecer entre todos: Seguir reuniendo al equipo de comunicación. Articular cada vez más a los
profesionales que están dando lo mejor de sí: personas con experiencia en eventos masivos, producción audiovisual, redes y periodismo eclesial, que comparten el amor por la misión. En Argentina ese talento existe y muchos ya están en movimiento; se trata de seguir tejiendo redes. Aprender de quienes vivieron visitas papales recientes. La JMJ 2011 y la visita de León XIV a España dejaron un capital de aciertos y aprendizajes muy generoso, hoy disponible en crónicas, materiales y experiencias compartidas. Nutrirse de todo eso —de lo que funcionó y de lo que se fue puliendo— es uno de los regalos más lindos que tenemos a disposición.

Soñar el concepto creativo propio. Buscar nuestro «Alza la Mirada»: un lema, una canción, una identidad que sean genuinamente argentinas y que puedan emocionar y movilizar mucho antes de la llegada del Papa. Cuidar y unificar el ecosistema digital. Ir coordinando una estrategia común entre los canales de las diócesis y construir comunidad online con cariño. En la JMJ 2011 empezaron de a poco y crearon algo inmenso; toda semilla sembrada hoy da fruto mañana.

Preparar con serenidad los temas sensibles. Tener a mano información clara sobre financiación, seguridad y logística, para responder con datos y con paz cuando llegue el momento. La transparencia anticipada cuida la alegría de todos. Abrazar primero a los voluntarios de comunicación. Fue uno de los aprendizajes más bonitos de la JMJ: los primeros voluntarios convocados fueron los de comunicación, que después se volvieron los grandes embajadores del evento ante sus pares. No son un recurso: son el corazón que late. El ejemplo está en España. La esperanza, entre nosotros.

El mensaje de conciliación, esperanza y paz que trae León XIV a su continente merece ser transmitido con todo el cuidado y la belleza posibles. La sensibilidad pastoral y la profesionalización no se oponen: se abrazan. Lo que la JMJ 2011 mostró —y lo que la visita a España confirma— es que la Iglesia puede comunicar con tanta hondura y
creatividad como cualquier gran acontecimiento del mundo, sin perder nunca su alma. Y hay algo que conviene celebrar: el verdadero tesoro no es el país donde ocurrió el evento, sino la entrega de las personas que lo hicieron posible. La JMJ 2011 y la visita León XIV a España demuestran que, cuando hay talento, fe y trabajo en equipo, los
resultados son extraordinarios. Esa es la mejor inspiración para Argentina: la certeza de que aquí también tenemos las personas, la creatividad y el corazón para estar a la altura.

Y, sobre todo, el trabajo bien hecho no se agota cuando el Papa sube al avión. Como pasó con la JMJ 2011, deja personas transformadas, comunidades unidas y un capital de fe y amistad que perdura. Eso se llama legado. Y es exactamente lo que, entre todos, Argentina está llamada a construir.

El equipo que hizo posible la JMJ 2011 y que hoy trabaja en la visita del Papa León XIV a España nos está regalando, en tiempo real, una clase magistral de cómo se comunica una visita papal con corazón y oficio. El ejemplo está a la vista y la ilusión es enorme. A quienes ya están en este camino: gracias, y adelante.

Prepararnos bien no sólo honra al Papa que esperamos: honra al pueblo que con tanto amor querrá recibirlo.

“Se dice que las catedrales de la Edad Media se construyeron con fe.

Sin duda: pero también con geometría.”

— Étienne Gilson

Pocas frases resumen mejor lo que está en juego. Las grandes catedrales medievales

—Notre-Dame, Chartres, la Sagrada Familia que León XIV inaugurará en junio— no nacieron sólo de la devoción de sus constructores. Nacieron también de años de cálculo, de planos corregidos mil veces, de oficio transmitido de generación en generación. La fe ponía el para qué. La geometría ponía el cómo. Y las dos, juntas, hicieron belleza.
La comunicación de una visita papal es algo muy parecido. La fe en el mensaje del Papa —conciliación, esperanza, paz— es el motor que mueve a los voluntarios, inspira a los creativos y llena las plazas. Y la geometría —el plan, el equipo, los cien kilómetros de cable, el lema cuidado, la canción que llega lejos— es lo que permite que esa fe alcance a todos los que la esperan. No compiten: se necesitan.

La JMJ 2011 lo entendió. El equipo que hoy trabaja en España lo está demostrando. Y Argentina —con todos los que ya están poniendo manos, cabeza y corazón— tiene por delante la alegría de construir su propia catedral comunicacional: con toda la fe que este pueblo tiene para dar, y con toda la geometría que la ocasión merece.

Fuentes y referencias

Infobae, La Nación, Cronista, El Comercio Pero, Zenit, Vatican News, RTVE, Ayuntamiento de Madrid, Archidiocesis de Madrid (conelpapa.es) · Podcast “Descifrando a Leon” (Juan Diego Network), con Javier Martinez Brocal, Ines San Martin y Jose Manuel De Urquidi — descifrandoaleon.com · Material de base: «JMJ 2011: un ejemplo de comunicación y organización de grandes eventos» (Revista de Comunicación, oct. 2011) ·

«Así se lo contamos: El Departamento de Comunicación de la JMJ» (libro institucional, Madrid 2011) · Cancion oficial «Alza la Mirada»: