Tres lemas, un mismo viaje
Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano
La Visita Pastoral del Papa León XIV a tres países de Sudamérica puede leerse a la luz de tres lemas distintos, pero profundamente unidos entre sí: «Les anuncio una gran alegría», en Uruguay; «Vengan todos. Vayan y anuncien», en Argentina; y «Abramos el corazón», en Perú. Cada expresión recoge una dimensión particular del camino pastoral propuesto a las comunidades, y, al mismo tiempo, forma parte de un único mensaje regional: recibir la alegría del Evangelio, convocar a todos y salir al encuentro de los demás con un corazón abierto.
No se trata solamente de tres frases elegidas para acompañar distintas etapas del viaje. En ellas se puede reconocer una invitación dirigida a toda la Iglesia sudamericana. La alegría anunciada en Uruguay se transforma en convocatoria en Argentina y alcanza su plenitud en Perú, donde se pide abrir el corazón a la persona del Papa, a su mensaje y al envío misionero. Así, los tres lemas expresan un mismo movimiento espiritual: anunciar, convocar y salir.
El lema de la visita a Uruguay, «Les anuncio una gran alegría», retoma las palabras del ángel a los pastores de Belén en el momento del nacimiento de Jesús. Es un anuncio que nace de la cercanía de Dios y que no queda reservado a unos pocos. La noticia de la llegada del Salvador es ofrecida a quienes se encuentran en el camino, en la sencillez de su vida cotidiana y en medio de sus esperanzas y preocupaciones.
Uruguay representa, de este modo, el comienzo del itinerario. Antes de cualquier envío, es necesario volver a escuchar el anuncio fundamental del Evangelio. La misión no nace del esfuerzo individual, sino de una alegría recibida que impulsa a acercarse a los demás con esperanza, respeto y disponibilidad.
En Argentina, el lema «Vengan todos. Vayan y anuncien» amplía la convocatoria. La invitación tiene un carácter universal: abarca todas las vocaciones, todas las edades y todas las condiciones. Nadie queda al margen de la llamada. La Iglesia aparece como una casa abierta, en la que cada persona puede encontrar un lugar y descubrir que su vida también puede ser un don para los demás.
La segunda parte, «vayan y anuncien», recuerda que la acogida conduce al envío. La comunidad cristiana reúne, acompaña y forma, pero también impulsa a salir. La fe no está destinada a encerrarse en los espacios conocidos: se expresa en el encuentro con quienes buscan, esperan, preguntan o atraviesan situaciones difíciles.
La invitación es universal porque la misión también lo es. Cada persona, desde su realidad concreta, puede colaborar en el anuncio del Evangelio. Las familias, los jóvenes, los adultos, los mayores, quienes participan activamente en la vida eclesial y quienes se acercan de manera más ocasional: todos están llamados a descubrir cómo transmitir la esperanza cristiana con palabras y con obras.
El tercer lema, «Abramos el corazón», propone la actitud interior con la que los fieles están invitados a vivir la visita en Perú. Significa recibir al Papa que viene y se acerca, pero también disponerse a escuchar su mensaje. No se trata de una recepción meramente formal: es una apertura capaz de transformar la escucha en compromiso.
El mensaje del Papa alienta a vivir el discipulado misionero. Por eso, abrir el corazón implica reconocer que la fe se fortalece cuando se escucha, se acoge y se pone en práctica. El discípulo no permanece inmóvil: recibe una palabra que lo anima y, a partir de ella, se dispone nuevamente al envío.
En Perú, la visita alcanza así una dimensión de respuesta. La alegría anunciada en Uruguay y la convocatoria expresada en Argentina encuentran una comunidad llamada a acoger y a continuar el camino. El corazón abierto es también un corazón disponible para la misión, capaz de dejarse interpelar por las necesidades del presente y de comprometerse con la vida de los demás.
Los tres lemas no deben verse como mensajes aislados, limitados a las fronteras de cada país. Cuando escuchemos las enseñanzas del Papa León XIV, estamos invitados a acoger como propias las palabras dichas en cada lugar. En su visita está presente una mirada regional: una preocupación común por el anuncio del Evangelio, por la participación de todos y por el impulso misionero de las comunidades.
En este camino, la oración ocupa un lugar esencial. Como expresó León XIV en la audiencia general del 4 de noviembre de 2026: «Acompañen con oraciones la misión en Sudamérica, esos países que tanto quiero». Sus
palabras invitan a sostener la visita no solamente con entusiasmo, sino también con una oración confiada y perseverante.

