San Juan, 25 de abril de 2026
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Llamar a las cosas por su nombre…

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Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano

… significa decir la verdad sin dar vueltas. “Al pan, pan, y al vino, vino”. Pero más importante aún es llamar a las personas por su nombre. Cuando estamos en un lugar con mucha gente, nos gusta que nos reconozcan, que alguien nos salude por el nombre. Nos hace sentir que no estamos en el anonimato. Jesús nos conoce a cada uno de manera personal. Para Él no somos masa anónima, sino amigos personales.

Dios nos llama de la nada a la vida. Y por el bautismo nos convoca a ser parte de su familia, que es la Iglesia.

Este cuarto domingo de Pascua, conocido como el del Buen Pastor, nos invita a contemplar a Jesús como guía y amigo que da la vida por sus ovejas. Es una jornada especial para detenernos y escuchar su voz, redescubriendo que Él es el camino a la vida bella, plena y verdadera. En este día, renovamos nuestro deseo de seguirlo, de afianzar nuestro vínculo personal con Él y de abrir el corazón a su llamado.

Jesús no solo señala el camino, sino que se hace Camino. Su invitación es personal: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen” (Jn 10,27). Seguir a Jesús es abrirse a la experiencia de una amistad viva, alegre y transformadora. Es Él quien nos conduce a la plenitud, quien nos ayuda a descubrir la belleza de la vida cuando se camina junto a Él, en confianza y libertad.

En medio del ruido y las ocupaciones diarias, cuidar la interioridad es fundamental para cultivar una relación profunda con Jesús. Nos referimos a ese espacio silencioso y personal donde podemos encontrarnos con el Buen Pastor, escuchar su voz y dejar que su presencia ilumine nuestras decisiones. Allí, en lo más íntimo, se gesta la verdadera amistad y crece el deseo de responder a su amor.

La vocación, en sus distintas formas, es ante todo un don que Dios nos regala por amor. Como expresó el Papa León XIV: “La vocación es un don del amor de Dios, que se manifiesta en el corazón de quien escucha y responde” (León XIV, Mensaje para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones). Para acoger este don, es necesario crear un clima de escucha, oración y apertura en nuestras comunidades y familias. Sólo así podemos discernir y acoger la invitación de Dios con libertad y alegría.

La oración es el medio privilegiado para fortalecer nuestra amistad con Jesús y dejar que su amor transforme nuestro corazón. Orar es dialogar, es detenerse para escuchar, es abrirse a la acción del Espíritu. Al crecer en la oración, experimentamos la alegría de sabernos amados y llamados personalmente por Dios. Esta experiencia nos sostiene en el camino y nos anima a responder con generosidad.

En el proceso vocacional, es fundamental aprender a discernir, a escuchar la voz de Dios que resuena en nuestro interior y en los acontecimientos de la vida. El discernimiento requiere tiempo, silencio y acompañamiento. Nos invita a dialogar con Jesús, a preguntar y a confiar en su amor infinito, sabiendo que quien llama nunca abandona ni defrauda. Descubrir la propia vocación es descubrir el proyecto de amor que Dios tiene para cada uno.

En muchas diócesis, este domingo se realiza la colecta para la formación de los seminaristas, los futuros pastores. Es un gesto concreto de solidaridad y apoyo a quienes se preparan para servir según el corazón de Cristo. Animamos a todos a ser generosos, aportando no solo bienes materiales, sino también oración y cercanía espiritual para que surjan y crezcan nuevas vocaciones sacerdotales.

Mañana, 27 de abril, recordamos a Santo Toribio de Mogrovejo, patrono de los obispos de América Latina, ejemplo de entrega, celo pastoral y amor a la Iglesia. Pidamos su intercesión para que acompañe y fortalezca a quienes hemos sido llamados a servir como pastores.

El Domingo del Buen Pastor es una invitación a renovar nuestra amistad con Jesús, a cuidar nuestra interioridad y a reconocer la vocación como un regalo de Dios.