La Urgente Necesidad de Cuidar la Creación
Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano
La creación que habitamos es vastísima y asombrosa. Desde los picos nevados hasta los mares profundos, pasando por bosques, ríos y desiertos, el mundo nos invita cada día a maravillarnos ante su belleza y su complejidad. No es casual que muchas culturas hayan considerado a la Tierra como una madre o como un don sagrado. Cada ser vivo, desde la más diminuta semilla hasta el animal más majestuoso, cumple un papel único en el equilibrio natural. Esta diversidad es fuente de riqueza, inspiración y sustento para toda la humanidad.
Sin embargo, esta obra inmensa es también profundamente frágil. El maltrato ambiental, la contaminación, la deforestación y la sobreexplotación de los bienes naturales la ponen en peligro. Cada vez que destruimos un bosque, contaminamos un río o agotamos una especie, estamos dañando ese delicado tejido del que dependemos todos. Las consecuencias ya son palpables: climas extremos, sequías, inundaciones y pérdida de hábitats. La creación no es invulnerable; necesita de nuestro respeto y cuidado constante.
Quizás uno de los aspectos más dolorosos del deterioro ambiental es la extinción de especies. Cada animal, planta o microorganismo que desaparece, es una pérdida irreparable para el mundo. Estas especies no sólo enriquecen la biodiversidad, sino que muchas veces cumplen funciones vitales en los ecosistemas. Su desaparición afecta la cadena alimenticia, la polinización, la fertilidad de los suelos y, en última instancia, nuestra propia supervivencia. Protegerlas no es sólo un deber ético, sino una necesidad para asegurar un futuro sustentable.
A los males ambientales se suma el flagelo de la guerra. Los conflictos bélicos no solo destruyen vidas humanas, sino que devastan paisajes, contaminan suelos y agua, y arrasan con la creación entera. Además, la guerra consume ingentes recursos y energías que podrían orientarse a combatir el hambre, construir paz y restaurar el equilibrio perdido. Cada bala, cada bomba, cada tanque es un paso atrás en el camino del cuidado y la sanación de nuestro mundo.

En el Mensaje para esta celebración el Papa León XIV escribe: “En vez de las armas bélicas, el Dios de la paz nos colma de fuerza para sanar, para reconciliar y construir una civilización del amor. En este sentido, estamos llamados al cuidado de los múltiples ‘ecosistemas’ que nos han sido confiados: los ecosistemas de la creación, de las relaciones humanas y los del propio corazón humano”.
Y agrega: “En efecto, el corazón humano resulta ser el lugar donde se llevan a cabo las más duras batallas y donde se revela nuestra condición caída. No es sólo la sede de las emociones, sino el centro de la persona —donde convergen la razón, los deseos, la voluntad, y la conciencia—. Es aquí donde luchamos con nuestros deseos contradictorios entre el amor y la indiferencia, la verdad y la ilusión, la justicia y la injusticia (St 1,14-15)”.
Entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre, celebramos en la iglesia católica y muchas tradiciones cristianas el “Tiempo de la Creación”. Este período culmina en la memoria de San Francisco de Asís, el santo que expresó con gran belleza el modo de vincularnos con la creación:
Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra, y abre el día, y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.
Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas, tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado, mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso, alegre: ¡loado, mi Señor!
Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado, mi Señor!
Cuidar la creación es defender la vida en todas sus formas. Es un desafío urgente pero también una oportunidad de esperanza, de reencontrarnos con nuestra vocación de ser familia en la casa común.
Esta semana estaremos de Retiro espiritual con los sacerdotes de la Arquidiócesis de San Juan. Contamos con tu oración. ¡Y Feliz día de Santa Rosa de Lima!

