San Juan-Opinión

La crisis hídrica es un conflicto mundial de escasez, que llegó para quedarse también en San Juan

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La crisis hídrica es una urgencia que se ha vuelto cada vez más visible en la última década, particularmente este año en que las temperaturas del invierno se han mantenido ostensiblemente altas y las precipitaciones muy por lo bajo de lo habitual, en comparación a otras temporadas.

Por el Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo

El agua es el elemento más importante para los seres vivos. Gracias a su presencia, el cuerpo humano puede llevar a cabo los procesos biológicos. El vital elemento del agua es universalmente cotizado en todos los aspectos. El agua se empezó a cotizar en Wall Street a fines del 2020 en plena pandemia mundial. Como es sabido, lo que sucedió es que el derecho de uso del agua se está cotizando en el mercado de futuros de la bolsa de Nueva York, en Wall Street. Es decir, los inversionistas apuestan sobre la escasez o abundancia del agua para un futuro cercano.

Que el agua entró en el ‘juego’ de la oferta y la demanda es algo que ya había ocurrido en otros sitios. En otras naciones existen mercados de agua y bancos de agua, donde se establecen acuerdos entre personas (concesionarios) que cuentan con derecho de uso del agua y productores que la necesitan, para ofrecer o realizar algún producto o servicio.

Es decir, desde antes se negociaba el uso del agua, aunque no deja de ser llamativo e importante que ahora esto se formalice en la Bolsa y respecto al estado más importante para la economía de Estados Unidos y otros países.

Este año, junto al 2019, se está manifestando como el más seco de los que se tiene registro, una realidad inminente que amerita la implementación de medidas urgentes por parte del ejecutivo, los privados y la ciudadanía. Otra cosa no menor en paralelo a la crisis hídrica, es que este año en el hemisferio norte, la ola de calor hubo más de 400 muertos en Canadá y 80 en EE.UU. en medio de temperaturas récord, el panorama no es muy alentador, cambios climáticos.

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo subraya que “la crisis mundial del agua nace de la desigualdad, la pobreza y el poder, y no de la disponibilidad física”.

La falta de agua y saneamiento es una afrenta al género humano y más inadmisible aún en una América Latina con tanto potencial. Vulneran el derecho a la vida y la dignidad de millones, y es éticamente intolerable. Se impone ponerlas en el centro de la agenda colectiva y actuar.

Según datos del Tercer Informe sobre el desarrollo de los recursos hídricos en el mundo de UNESCO, prácticamente dos de cada tres personas sin acceso a agua potable sobreviven con menos de USD $ 2 al día y una de cada tres lo hace con menos de USD $ 1 diario.

Más de 660 millones de personas sin acceso a un saneamiento adecuado viven con menos de 2 USD $ 2 al día y más de 385 millones con menos de USD $ 1 diario. Estos datos ponen en evidencia las dificultades económicas para mejorar el acceso a dichos servicios a través de las inversiones de los hogares. Este hecho es de gran importancia, ya que se calcula que suelen ser los hogares, y no las agencias públicas, los que más invierten en saneamiento básico, en una proporción típica de 10 a 1.

Según datos de las FAO (la organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura) 11 millones de personas cada año pierden la vida debido al estrés hídrico.

Se trata de un fenómeno que afecta a 2000 millones de personas (casi la tercera parte de la población mundial) y se hace cada vez más visible en América Latina. Mientras en algunas áreas de la región llueve a cántaros, en otra pasa lo contrario: grandes sequías.

Naciones como Chile y Argentina han soportado fenómenos de este tipo muy agudos en los últimos dos años en el cono sudamericano.

¿Qué pasa en Argentina?

En el Norte del país y en el litoral se reportó un déficit de precipitaciones preocupante en los primeros siete meses del 2020.  Para colmo, los monocultivos aceleran la deforestación y generan mayor escasez. Se seca el suelo y se vacían con rapidez las napas de agua subterránea.

Al igual que su par trasandino Chile, en 2018, Argentina tuvo su peor sequía en medio siglo. Las lluvias disminuyeron hasta en un cincuenta por ciento en determinadas regiones productivas.

La cosecha de soja cayó más de un 30% y la producción de maíz mermó en un 20%, lo que implicó para el país una pérdida de 6000 millones de dólares.

A menudo, se considera al cambio climático como un problema del futuro, pero la realidad indica todo lo contrario. ¿Por qué nos negamos a aceptar que las grandes modificaciones ya están ocurriendo?.

¿Qué está pasando en la Provincia de San Juan?

En general, se está desarrollando un ciclo atípico: hubo más nevadas que en el anterior (2019/2020) pero el tiempo se mantiene fresco en la cordillera, no se derrite nieve, y por eso el volumen de agua no crece lo suficiente y San Juan sigue en una larga crisis hídrica, la quinta peor temporada del último siglo. Los datos han hecho variar incluso la previsión hídrica para la actual temporada: el pronóstico de volumen de agua para el ciclo de octubre 2020 a septiembre 2021 era de 815 hm3, y ahora está más cerca de los 640 hm3. Este panorama encendió las luces amarillas en el Concejo Provincial para Control de Embalses y Seguridad de Presas (Cocep), cuyos integrantes se han puesto de cabeza a analizar cómo se va a administrar ese recurso escaso, con el objetivo de mantener o incrementar las reservas de los embalses para esta temporada 2021/22.

El problema que existe es que, entre los meses de diciembre y marzo, cuando el río trae agua, coincide con la etapa de mayor demanda de agua por parte del riego agrícola. La esperanza está puesta en que el clima de una señal positiva a esta provincia donde casi no llueve y sólo depende de la nieve que se junte en la cordillera. La semana pasada hubo nevadas y se están cruzando los dedos para que esa nieve no se evapore y termine derramando en el río. Los embalses de la provincia

Las tres represas ubicadas sobre el río San Juan si estuvieran llenas contendrían 1.300 hm3 de agua, pero actualmente sólo tienen 280 hm3, lo que significa un 22 por ciento del total de sus capacidades de reserva.

En resumen, la responsabilidad humana, da el aumento del consumo del agua en la Argentina y en nuestra Provincia en especial, la emergencia de escasez hídrica es real y concreta, por cierto ocurre por el consumo sin criterio del agua y es deber del Estado que pueda seguir incentivando, las campañas de concientización, la investigación y las medidas inteligentes para la gestión de los acuíferos en nuestra República y Provincia, como es sabido, en San Juan prima un relieve montañoso intercalado por valles y travesías bajo un clima templado seco. Las amplitudes térmicas son grandes dentro del clima semiárido de montaña que caracteriza la zona. Desde el Oeste, las altas cumbres andinas funcionan como una barrera contra los vientos húmedos y fríos del Pacifico. Por esta reseña mencionada tenemos un clima semiárido, no abunda el agua en la Provincia y más aún, deberíamos cuidar significativamente nuestro recurso vital, pregonarlo tanto en el ámbito educativo y técnico trabajarlo en la Provincia, es nuestro deber principal de gestarlo para las generaciones que están y las que vendrán.