San Juan, 3 de agosto de 2026
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Homilía en Memoria de los Servidores Públicos fallecidos en el accidente aéreo en Valle Fértil

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Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano

Queridos hermanos y hermanas, Señor Gobernador, distinguidas autoridades presentes, miembros de la comunidad, familiares y amigos de nuestros hermanos fallecidos:

Hoy nos une el sufrimiento y el desconcierto. Estamos en la Iglesia Catedral con un sentimiento profundo de dolor y respeto, para rendir homenaje a cuatro valientes servidores públicos de nuestra amada Provincia de San Juan, quienes han perdido la vida en un trágico accidente. Hoy nos acompañan las máximas autoridades de la provincia, compañeros y compañeras de los caídos, y toda la comunidad sanjuanina, unidos por la tristeza, pero también por la gratitud y el deseo de esperanza.

Ellos eran policías, bomberos, integrantes de defensa civil: hombres que escucharon en lo más profundo de su ser una vocación, la llamada irrenunciable al servicio. No eligieron caminos fáciles. Cada jornada pusieron su vida al servicio del prójimo, asumieron riesgos, protegieron a los indefensos, se entregaron por el cuidado de la casa común, y respondieron con entrega total cuando la sociedad los necesitó. Su compromiso, que va más allá del deber, es un ejemplo luminoso para todos nosotros.

La partida de estos servidores deja un vacío imposible de llenar. El silencio se hace más hondo cuando pensamos en sus familias, en sus hijos, en los compañeros que hoy sienten la ausencia en lo cotidiano. El dolor nos pesa, y nos preguntamos por qué sucede lo incomprensible. En medio de esta oscuridad, no dudamos en abrir el corazón y compartir las lágrimas, porque el amor verdadero va acompañado del dolor por la pérdida.

La muerte nos deja impotentes ante su fuerza. Pero no nos paraliza.

Hay algo que la muerte no puede arrebatarnos, que es la memoria. Tampoco puede impedirnos la gratitud. Rezar es tener memoria agradecida delante de Dios para que Él custodie nuestros corazones.

Por eso no es suficiente decir que nos unimos ante la muerte. A decir verdad, nos une la vida de los hermanos que han muerto.

Hoy la sociedad toda les dice gracias. Gracias por cada minuto entregado, por cada acto de valentía, por cada sacrificio silencioso. Nuestra comunidad reconoce y valora a quienes, como ellos, ponen por delante el bienestar de los demás. Ellos son la mejor expresión de los valores que deseamos para nuestra provincia: solidaridad, coraje, entrega, amor al prójimo y a la creación.

En la Palabra de Dios encontramos consuelo y sentido. San Pablo, en la carta a los Romanos, nos dice:

“Ninguno de nosotros vive para sí mismo, y ninguno muere para sí mismo; si vivimos, para el Señor vivimos, y si morimos, para el Señor morimos” (Romanos 14, 7-8).

Estos servidores públicos vivieron y partieron en un acto de entrega, no solo a su deber, sino al amor más grande, el que se da por los demás.

Jesús mismo nos enseña:

“Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Juan 15, 13).

Ellos han entregado su vida en el cumplimiento de una misión, y confiamos en la promesa del Señor, que nos asegura que no hay entrega que quede sin sentido ante Dios.

Elevamos nuestra oración al Padre de la Misericordia para que abrace y conforte a las familias que hoy lloran la partida de sus seres queridos. Que Dios, fuente de todo consuelo, les conceda serenidad y paz en medio de la tormenta. Que su Espíritu consuele a cada compañero y compañera que hoy sienten la ausencia, y a toda la sociedad que los reconoce con respeto y gratitud.

Queridos hermanos, que este momento de dolor nos una como comunidad. Que la memoria de nuestros servidores públicos inspire a nuevas generaciones a servir con generosidad y compromiso. No estamos solos: el Señor camina con nosotros, sostiene nuestras lágrimas y siembra esperanza en medio de la tristeza. Que el ejemplo de estos hombres siga presente en cada acto de servicio y amor al prójimo.

Confiamos a nuestros hermanos al abrazo eterno de Dios, y pedimos que la Virgen, Madre de los que sufren, acompañe a sus familias y a toda la provincia de San Juan. Que la paz de Cristo reine en nuestros corazones y nos conceda la certeza en la vida futura.

Amén