Escuchar el dolor del otro: Más allá de nuestra comodidad
Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano
- Oídos atentos: «Escucha activa» que propone el desafío del Sínodo.
- Corazón en Dios: Resume la Espiritualidad como «estar con Vos» y la amistad con Jesús.
- Manos abiertas a los hermanos: Traduce la Misión y el servicio concreto del lavatorio de pies.
Tercera Meditación
- Escuchar, ver y acercarse
- Escuchar el dolor del otro: Más allá de nuestra comodidad
En el camino cuaresmal, somos invitados a detenernos y reflexionar sobre cómo escuchamos. La verdadera escucha va mucho más allá de oír palabras; es abrir el corazón, estar presente y acoger el sufrimiento del otro. Es un arte
que requiere humildad, atención y disposición para transformar nuestra mirada. Como dijo el Papa Francisco: “Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que oír. Lo primero, en la comunicación con el otro, es
la capacidad del corazón que hace posible la proximidad, sin la cual no existe un verdadero encuentro espiritual. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que nos desinstala de la tranquila condición de espectadores”. (EG 171)
Escuchar nos desafía a salir de nosotros mismos y a dejar que el dolor del prójimo nos interpele.
Texto bíblico: Lc 16, 19-31 – El rico y Lázaro
El Evangelio según san Lucas nos presenta la parábola del rico y Lázaro. El rico vivía rodeado de lujos, ignorando a Lázaro, que yacía a sus puertas cubierto de llagas y en la miseria. La parábola nos presenta contrastes en el vestido (lino finísimo y llagas) y la comida (banquetes en la mesa y otro ni migajas). El texto denuncia la insensibilidad de quien, encerrado en su bienestar, no logra ver ni escuchar el sufrimiento ajeno. El rico no solo no ayuda, sino que ni siquiera mira a Lázaro, se vuelve ciego ante la realidad del otro.
El Papa Francisco en la Cuaresma del 2017 nos decía: “Lázaro nos enseña que el otro es un don. La justa relación con las personas consiste en reconocer con gratitud su valor. Incluso el pobre en la puerta del rico, no es una carga molesta, sino una llamada a convertirse y a cambiar de vida. La primera invitación que nos hace esta parábola es la de abrir la puerta de nuestro corazón al otro, porque cada persona es un don, sea vecino nuestro o un pobre desconocido”.
Los riegos de la insensibilidad y la comodidad
Esta parábola nos confronta con nuestra propia tendencia a vivir encerrados en la comodidad. ¿Cuántas veces preferimos no mirar, no preguntar, no involucrarnos para no incomodarnos? La insensibilidad puede ser una
elección inconsciente, fruto del miedo, la rutina o el egoísmo. Nos volvemos impermeables al dolor del otro, y la Cuaresma nos llama a salir de la burbuja, a dejar que la realidad nos conmueva y nos impulse a la acción.
Saber mirar es el primer paso para escuchar de verdad. Es reconocer la presencia del otro, su historia, sus heridas y su dignidad. Mirar y escuchar nos permite discernir el llamado de Dios en las situaciones concretas, porque Él se manifiesta en el rostro de quienes sufren.
Vínculos rotos y el abismo entre los personajes
El abismo entre el rico y Lázaro no es solo físico, sino existencial. Hay un vínculo roto, una distancia que se agranda por la falta de compasión y de escucha. Este abismo simboliza las barreras que construimos cuando nos cerramos en nuestro mundo, desconectándonos de quienes necesitan nuestra cercanía. La indiferencia genera soledad y perpetúa el sufrimiento.
Este pasaje evangélico nos lleva a pensar en las periferias geográficas y existenciales: aquellos lugares y personas que quedan fuera de nuestro horizonte, a quienes no llegamos, pero están ahí nomás.
La Cuaresma nos desafía a salir, a ir al encuentro de los marginados, de los invisibles, de los que esperan ser reconocidos y escuchados. Los enfermos, los que están tristes, los adictos a diversas sustancias o actividades. Es
abrirnos al misterio de Dios que ya habita allí.
Heridas e inconsistencias personales
En este tiempo tenemos ocasión de mirar nuestras propias heridas, nuestras incoherencias y fragilidades. A veces, la insensibilidad nace de heridas no reconocidas o de miedos que nos paralizan. Las historias vividas suelen
dejarnos rencores no sanados, duelos no acabados, traiciones amargas que no hemos logrado expresar… Son como mochilas pesadas que Jesús nos invita a dejar en sus manos, o a compartir la carga con Él.
Abrirnos a la escucha del otro implica también escucharnos a nosotros mismos, acoger nuestras debilidades y pedir la gracia de la sanación. Solo así podremos ser verdaderos instrumentos de misericordia.
Escuchar a Moisés y los profetas: atención a las enseñanzas tradicionales
Ante este precipicio profundo e infranqueable surge el deseo de la advertencia a quienes aún pueden hacer algo. Abraham dice al rico: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. Es un llamado a volver a las raíces, a las enseñanzas que nos han sido transmitidas. Por eso Francisco decía que “el verdadero problema del rico: la raíz de sus males está en no prestar oído a la Palabra de Dios; esto es lo que le llevó a no amar ya a Dios y por tanto a despreciar al prójimo”. (Cuaresma 2017)
Escuchar a Moisés y los profetas es abrirnos a la sabiduría de la tradición, a la voz de la Iglesia, a las palabras que nos guían y nos orientan en el camino de la fe. La fidelidad a estas enseñanzas es fuente de discernimiento y de transformación personal y comunitaria.
Conclusión: llamado a la conversión y apertura al sufrimiento del otro Esta meditación nos invita a una conversión profunda: pasar de la indiferencia a la compasión, de la comodidad al compromiso, de la sordera a la escucha auténtica. Que en este tiempo cuaresmal aprendamos el arte de la verdadera escucha, reconociendo el sufrimiento del otro y respondiendo con misericordia. Solo así podremos construir vínculos nuevos, superar los abismos y abrirnos al don de la fraternidad. Que el Señor nos conceda un corazón sensible y atento, capaz de mirar, escuchar y acoger a quienes esperan nuestro amor.
Para seguir meditando
Dilexi te
“Entre los Padres orientales, quizá el predicador más ardiente de la justicia social sea san Juan Crisóstomo, arzobispo de Constantinopla entre los siglos IV y V . En sus homilías exhortaba a los fieles a reconocer a Cristo en los necesitados: «¿Quieres honrar el Cuerpo de Cristo? No permitas que sea despreciado en sus miembros, es decir, en los pobres que no tienen qué vestir, ni lo honres aquí en el templo con vestiduras de seda, mientras fuera lo abandonas al frío y a la desnudez […]. En el templo, el Cuerpo de Cristo no necesita mantos, sino almas puras; pero en la persona de los pobres, Él necesita todo nuestro cuidado. Aprendamos, pues, a reflexionar y a honrar a Cristo como Él quiere. Cuando queremos honrar a alguien, debemos prestarle el honor que él prefiere y no el que más nos gusta»”. (DT 41)
San Juan de la Cruz
A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición (Juan de la +. Dichos de luz y amor 59).
El alma que anda en amor, ni cansa ni se cansa (Juan de la + . Puntos de amor 18).
“¡Oh, Señor mío! ¿Quién te buscará con amor puro y sencillo, que te deje de hallar muy a su gusto voluntad, pues tú te muestras primero y sales al encuentro de los que te desean?”

