San Juan, 30 de abril de 2026
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Entrar en Cuaresma: Meditación para el Miércoles de Ceniza Peregrinos en el desierto de la esperanza

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Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano

Hoy, Miércoles de Ceniza, iniciamos un viaje interior: la Cuaresma es una invitación a levantarse y salir de la zona de confort, a dejar la mediocridad y el pecado, y a responder al llamado profundo de Dios a la conversión. Comienza un tiempo nuevo, una oportunidad para renovarnos y crecer en esperanza.

La imagen del desierto acompaña este tiempo. No es un lugar vacío ni estéril: en el desierto Dios habla al corazón, y por eso entramos llevando sólo lo imprescindible, dejando atrás las cargas que nos atan. Allí aprendemos a distinguir lo esencial de lo superfluo, a cuidarnos de espejismos que desvían nuestras fuerzas y de “aguas contaminadas” que
prometen saciar, pero nos dejan vacíos y enfermos. El desierto no es huida, sino escuela: allí la fe se purifica, experimentamos el despojo, y descubrimos lo que significa caminar ligeros y libres, sostenidos por la promesa de Dios.

Estos 40 días son una peregrinación hacia la Pascua. Así como el pueblo de Israel cruzó el desierto, también nosotros somos “Peregrinos de Esperanza”, llamados a celebrar con fuerzas renovadas los misterios centrales de nuestra fe. Aprovechemos este tiempo para retomar lo vivido en el jubileo, recordando que no caminamos solos, sino en comunidad.

La ceniza sobre nuestras cabezas es un signo fuerte: nos recuerda la fragilidad y lo pasajero de la vida —“Recuerda que eres polvo y al polvo volverás”—, pero también que somos tierra y agua, barro en las manos del Alfarero, llamados a dejarnos moldear por Dios y a ser agua viva para quienes nos rodean. En este día resuena la Palabra: «Conviértanse y crean en el Evangelio». No es sólo un llamado a cambiar actitudes externas, sino a transformar el corazón. ¿Qué necesitas dejar caer, como el polvo de las cenizas, para ser libre y abierto al amor? ¿Qué rincones de tu vida necesitan luz, perdón, sanación?.

Te invito a buscar un espacio de silencio. Cerrá los ojos por un instante y respirá hondo. Sentí el peso liviano de las cenizas, signo de humildad, sobre tu frente o sobre tu corazón. Dejá que ese gesto despierte en vos el deseo de volver a Dios, dejando atrás lo superfluo, lo que aleja, lo que duele.

La Palabra ilumina el camino

Isaías 58, 6-12 nos muestra el ayuno que agrada a Dios: abrir el corazón al pobre, aliviar al enfermo, compartir con quien pasa hambre o está en prisión. El verdadero culto es la solidaridad. El Evangelio que se proclama hoy en las
misas (Mateo 6, 1-6.16-18) nos recuerda que el Padre ve en lo secreto; nos invita a vivir la fe con interioridad y sobriedad, sin ostentación, buscando sólo la mirada amorosa de Dios.

Tres caminos: ayuno, oración y limosna

La Cuaresma nos ofrece tres sendas concretas para renovar nuestra vida: el ayuno, que nos ayuda a desprendernos de lo que nos esclaviza, o no es necesario; la oración, como diálogo sincero con Dios que transforma el corazón; y la limosna, como gesto de amor y justicia hacia quienes necesitan nuestro apoyo. No se trata solo de prácticas externas, sino de caminos para abrirnos a una transformación interior y a la solidaridad.

No basta con privaciones externas; la verdadera conversión se expresa en la reconciliación, el perdón y la caridad activa.

¿Cómo hacer de este tiempo una oportunidad real de cambio personal y comunitario? Te propongo dedicar cada día un momento concreto a la Palabra de Dios, dejar que resuene y guíe tus decisiones. Que la Cuaresma no pase de largo, sino que transforme tu modo de mirar y servir.

Compromiso: preparar un tesoro para los pobres

Buscá realizar un gesto concreto: tomá una cajita o un sobre, y guardá allí lo que ahorres de tus privaciones personales o familiares durante la Cuaresma. Al finalizar, entregalo a una obra de caridad o a alguien que lo necesite. Así, tu ayuno y tu sacrificio se convertirán en esperanza para otras personas.

Que esta Cuaresma sea un viaje de renovación, sencillez y solidaridad, donde caminemos ligeros, libres y atentos a la voz de Dios. Que, al llegar a la Pascua, podamos celebrar la vida nueva con el corazón transformado y las manos abiertas a la esperanza.

Oración final

Señor, acompáñame en este camino de Cuaresma. Dame humildad para reconocer mis errores, fortaleza para cambiar, generosidad para compartir y fe para confiar en tu misericordia que todo lo renueva. Que tu Espíritu me guíe hacia la alegría de la Resurrección. Amén.

Para seguir meditando

Dilexi te

“Muchos otros Padres de la Iglesia, tanto orientales como occidentales, se pronunciaron sobre la primacía de la atención a los pobres en la vida y misión de cada fiel cristiano. Sobre este aspecto, en resumen, se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres, recordando que el Evangelio sólo se anuncia bien cuando llega a tocar la carne de los últimos, y advirtiendo que el rigor doctrinal sin misericordia es una palabra vacía”. (DT 48)

Texto de San Juan de la Cruz

Eso que pretendes y lo que más deseas no lo hallarás por esa vía tuya ni por la alta contemplación, si no en la mucha humildad y rendimiento de corazón. (Juan de la +. Dichos de luz y amor 39)

Ha de advertir el cristiano que el valor de sus buenas obras, ayunos, limosnas, penitencias, oraciones, etc., que no se funda tanto en la cantidad y cualidad de ellas, sino en el amor de Dios que lleva en ellas. (Juan de la +. 3 Subida 27, 5)