El desafío de la Misión Somos miembros de una Comunidad en misión
Por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano
Oídos atentos:
«Escucha activa» que propone el desafío del Sínodo.
Corazón en Dios:
Resume la Espiritualidad como «estar con Vos» y la amistad con Jesús.
Manos abiertas a los hermanos:
Traduce la Misión y el servicio concreto del lavatorio de pies.
Séptima Meditación
El desafío de la Misión Somos miembros de una Comunidad en misión
Tocados por el Amor
Nos adentramos en la última Meditación que quisimos compartir de los Miércoles de la Cuaresma. Cada paso lo fui rezando para hacer un camino con amigas y amigos, comunidades a la luz de los Desafíos del Sínodo (Escucha, Espiritualidad y Misión). Nos ayudaron en la versión del texto escrito párrafos de Dilexi te y San Juan de la Cruz.
La Semana Santa ya iniciada nos ayuda a desplegar en pocos días los misterios más grandes la fe. Lo que no acabamos de asimilar durante toda la vida, se nos ofrece en siete días para vivirlos intensamente. No es un simple
recuerdo del pasado, sino que en esos episodios estamos nosotros representados y asumidos en las genialidades más luminosas y las bajezas más oscuras.
Nos equivocamos si pensamos que los protagonistas fueron otros. Somos vos y yo ante el misterio de la vida y la muerte, de la fidelidad y la traición, del jugarse o borrarse. A cada paso, en cada celebración, decimos “esto
sucede hoy”; y no estamos exagerando. Tanto nos involucra, que podemos hacer nuestro el testimonio de Pedro y Juan ante las autoridades religiosas después de Pentecostés: “nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hechos 4, 20).
En estos días, se nos invita a ser testigos de una esperanza que transforma, a vivir la fe como una misión cotidiana, y a compartir el consuelo, la misericordia y la alegría que brotan del encuentro con el Señor.
Texto Bíblico: Jn 13, 12-17
El texto bíblico elegido para el desafío de la Misión lo meditamos y actualizaremos este Jueves Santo de manera concreta.
“Después de haberles lavado los pies, Jesús se puso el manto, volvió a la mesa y les dijo: ‘¿Comprenden lo que acabo de hacer con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros. Les he dado el ejemplo, para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes. Les aseguro que el servidor no es mayor que su señor, ni el enviado más grande que el que lo envía. Ustedes serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican’”.
Este pasaje nos muestra a Jesús como modelo de servicio, humildad y entrega. No es un simple acto higiénico ni de teatralización exagerada. Es la expresión sincera de la actitud de amor y entrega del Maestro. Muestra hasta dónde está dispuesto a llegar por amor: hacerse esclavo. Se nos presenta como mendigo de amor. Recordemos la expresión de San Francisco de Asís: “el amor no es amado”.
Es a su vez un llamado a la imitación para alcanzar la alegría: “serán felices si, sabiendo estas cosas, las practican”. Así entendemos que transformar nuestra vida en misión es estar al servicio de los demás, siendo instrumentos de reconciliación y paz.
Vivir Semana Santa como Misión
Te propongo algo sencillo pero profundo, y tal vez hasta molesto: elegí un gesto concreto de servicio durante este tiempo santo. Puede ser visitar a alguien que esté solo, reconciliarte con un familiar, colaborar en algún proyecto comunitario, o simplemente dedicar tiempo a escuchar y acompañar a quien lo necesita. El objetivo es vivir la Semana Santa como misión, siendo testigos del amor de Cristo en lo cotidiano.
- Reflexioná: ¿A quién puedo acercarme esta semana para mostrarle el amor de Cristo?
- Actuá: Realizá un gesto de servicio inspirado por el Evangelio.
- Compartí: En comunidad o con amigos, contá la experiencia y animá a otros a sumarse.
Discipulado y Misión: Una Relación Fecunda
Ser discípulo de Jesús es aprender de Él y seguir sus pasos, animándonos a imitarlo. Pero también es ser enviado a anunciar la Buena Noticia. El discipulado se hace fecundo en la misión: cuanto más nos dejamos transformar por el Señor, más capaces somos de llevar su luz a otros. La misión no es algo externo, sino una consecuencia natural de la experiencia de Dios.
Iglesia en Salida, Superar Fronteras
La Iglesia es una comunidad de enviados, siempre en salida. La Semana Santa nos desafía a superar las fronteras del miedo, la comodidad y el egoísmo, para abrirnos a la misión. El envío es comunitario: juntos, animados por el Espíritu, salimos a llevar la esperanza del Resucitado donde más se necesita.
También estamos llamados a superar las fronteras geográficas, y poner la mirada y el corazón en quienes se esfuerzan por vivir la fe en contextos difíciles y muy duros. En las celebraciones del Viernes Santo realizaremos la
colecta económica para asistir a los cristianos que viven en Tierra Santa aun en medio de situaciones graves de violencia y miedo. La guerra ha provocado la suspensión de las Peregrinaciones en aquellos Lugares Santos, impidiendo la venta de productos artesanales con los cuales se mantienen esas familias. Seamos generosos con nuestro aporte. Recemos intensamente por la Paz. Paremos la locura de la guerra.
Conclusión: Llevar la Luz del Resucitado a Todos
Hoy somos llamados a llevar la luz del Resucitado a todos, a ser testigos de una vida nueva y a contagiar la alegría de la fe. Que nuestra comunidad parroquial viva esta Semana Santa como una misión compartida, uniendo corazones y manos para servir, reconciliar y amar como Jesús. Así, el mundo podrá ver que Cristo vive y sigue transformando la historia.
Que podamos renovarnos en cada celebración. Demos gracias a Dios que nos llama cada año a revitalizar la alegría de ser sus hijas e hijos amados.
Para seguir meditando
Dilexi te
“Por lo tanto, cuando la Iglesia se inclina hasta el suelo para cuidar de los pobres, asume su postura más elevada”.(DT 79)
“La santidad cristiana florece, con frecuencia, en los lugares más olvidados y heridos de la humanidad. Los más pobres entre los pobres —los que no sólo carecen de bienes, sino también de voz y de reconocimiento de su dignidad— ocupan un lugar especial en el corazón de Dios. Son los preferidos del Evangelio, los herederos del Reino (cf. Lc 6,20). Es en ellos donde Cristo sigue sufriendo y resucitando. Es en ellos donde la Iglesia redescubre la llamada a mostrar su realidad más auténtica”. (DT 76)
San Juan de la Cruz
Cántico
“¿A dónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando y eras ido.
Pastores, los que fueres
allá por las majadas al otero,
si por ventura vieres
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
Buscando mis amores
iré por esos montes y riberas;
no cogeré las flores,
ni temeré a las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
¡Oh, bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!,
¡oh, prado de verduras
de flores esmaltado!,
decid si por vosotros ha pasado”. (…)
“Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.
¡Oh, cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibujados!
¡Apártalos, Amado,
que voy de vuelo!
Vuélvete, paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al aire de tu vuelo, y fresco toma.
Mi Amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas extrañas,
los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,
la noche sosegada
en par de los levantes de la aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora”.

