San Juan, 5 de noviembre de 2026
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Concierto de la Orquesta Sinfónica de la FFHA de la UNSJ en la Iglesia San Francisco

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El Viernes, 6 de Noviembre, a las 21 hs,; en la Iglesia San Francisco se presenta la Orquesta Sinfónica de la FFHA de la UNSJ en el Concierto bajo la Dirección del M° Wolfgang Wengenroth. la entrada es libre y gratuita.

Programa

  • Obertura. La Flauta Mágica. Wolfgang A. Mozart
  • Duet Concertino para Clarinete y Fagot, Richard Strauss

Solistas

  • Patricia Maya – Clarinete
  • Luis Querales – Fagot

Nobilissima Visione, Paul Hindemith

Datos de los Solistas

Patricia Maya Delgado

Patricia Maya Delgado, clarinete

Clarinetista ecuatoriana. Egresada de la Maestría en Interpretación de Música Latinoamericana de los siglos XX y XXI de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) -ciudad de Mendoza y Licenciada en Artes Musicales con orientación en clarinete por la Universidad Nacional de Artes (U.N.A.) – ciudad de Buenos Aires, Argentina.

Su experiencia laboral-musical como instrumentista de grupos orquestales ha girado en relación con las orquestas: Filarmónica del Ecuador, invitada continua de la Orquesta Estable de Teatro Colón y de la Orquesta Estable del Teatro Argentino de la Plata, Orquesta Sinfónica de San Juan, entre otras.

Como concertista e invitada destacada en festivales internacionales ha tocado en prestigiosas y renombradas salas de conciertos como: Berliner Philharmonie, Philharmonische Kammermusik-Berliner Philharmoniker, Teatro Colón de Buenos Aires, Palacio Libertad, Auditorio Juan Victoria de San Juan, Casa de la Música de Ecuador, entre otras.

En la actualidad, es catedrática de clarinete en el Departamento de Música de la Universidad Nacional de San Juan; solista adjunta de clarinete en la Orquesta Sinfónica de San Juan – Argentina, artista Rossi clarinets y coordinadora del Encuentro Internacional de Clarinete Ecuador.

Luis Querales

Luis Querales, Fagot

Fagotista, compositor y músico de orquesta.

Inició su formación musical en 2005 en la Orquesta Juvenil e Infantil “Jesús María Torrealba”, bajo la guía del maestro Carlos Pimentel. En 2007 ingresó por audición a la Orquesta Nacional Infantil de Venezuela, dirigida por Gustavo Dudamel y Sir Simon Rattle. Desde 2009 continuó sus estudios en el Conservatorio de Música Simón Bolívar con Omar Ascanio y, en 2010, integró la Cátedra Latinoamericana de Composición, dirigida por Blas Emilio Atehortúa.

En 2012 obtuvo el Premio Municipal de Música de Caracas, mención Música para Banda “Don Pedro Elías Gutiérrez”, por su obra Pintura y Caricatura. En 2014, su composición Prelude and Toccata in Miniature for Solo Bassoon, dedicada a Matthew Rosenberg, fue seleccionada entre las 15 mejores obras del ciclo internacional 15 Minutes of Fame y estrenada en Nueva York.

Entre 2010 y 2014 integró la fila de fagotes de la Sinfónica Juvenil de Caracas, participando en giras por Asia y Europa y actuando en importantes salas y festivales internacionales, como el Gran Teatro Nacional de China, el Seoul Arts Center, el Wiener Konzerthaus y el Beethovenfest de Bonn.

En 2014 ingresó por concurso a la Orquesta Regional de Tarapacá, Chile, donde asumió como primer fagot en 2015. Participó en festivales internacionales de Argentina, Brasil y Ecuador, y en 2016 obtuvo el primer premio del Concurso de Jóvenes Solistas del Festival Internacional de Música de Esmeraldas, Ecuador.

Entre 2017 y 2018 se desempeñó como instructor de fagot y preparador de la fila de maderas de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Tacna, Perú. Ha participado como solista, músico de cámara y docente en orquestas y festivales de Chile, Argentina y Perú.

Desde 2018 integra la Orquesta Sinfónica de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), donde actualmente ocupa el cargo de solista titular. En 2019 inició su formación en dirección orquestal en la UNSJ y actualmente cursa la Maestría en Interpretación de Música de Cámara en la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Datos del Concierto

Entre la sabiduría, la compasión y la paz

El presente concierto conmemora el 800.º aniversario de la muerte de San Francisco de Asís, una de las figuras más influyentes de la historia espiritual y cultural de Occidente. Su vida, marcada por la renuncia a la riqueza, el amor a la naturaleza, la fraternidad y la búsqueda de la paz, ha inspirado durante siglos a artistas, escritores y compositores.

Las tres obras de este programa permiten acercarse a estos ideales desde perspectivas musicales muy diferentes. La obertura de La flauta mágica de Wolfgang Amadeus Mozart presenta un mundo simbólico en el que el ser humano debe superar pruebas para alcanzar la sabiduría y la luz. El Duett-Concertino de Richard Strauss, escrito al final de una larga vida y después de las devastaciones de la Segunda Guerra Mundial, propone un universo de delicadeza, humor y reconciliación. Finalmente, la suite Nobilissima Visione de Paul Hindemith establece el vínculo más directo con la conmemoración: su música procede de un ballet inspirado expresamente en la vida de San Francisco de Asís.

Aunque las obras de Mozart y Strauss no fueron concebidas con un propósito religioso, su presencia en este programa permite establecer un recorrido simbólico: desde la búsqueda de la verdad y la superación de las pruebas, pasando por el encuentro y la comprensión del otro, hasta la visión franciscana de una existencia fundada en la humildad, la fraternidad y la paz.

Wolfgang Amadeus Mozart (1756–1791)

Obertura de La flauta mágica, KV 620 (1791)

La flauta mágica pertenece al último año de vida de Wolfgang Amadeus Mozart y constituye una de las creaciones más extraordinarias de toda su producción operística. Fue estrenada el 30 de septiembre de 1791 en el Theater auf der Wieden de Viena, con libreto de Emanuel Schikaneder, quien interpretó también el papel de Papageno.

La obra combina elementos aparentemente muy diferentes: el cuento de hadas, la comedia popular, la ópera seria, la tradición del teatro musical vienés y un complejo universo de símbolos relacionados con la Ilustración y la masonería. Mozart, miembro de una logia masónica desde 1784, compartía muchos de los ideales que aparecen en la ópera: la fraternidad, la superación de los prejuicios, la búsqueda de la sabiduría y el perfeccionamiento moral del individuo.

El argumento narra las aventuras del príncipe Tamino y de Pamina, hija de la Reina de la Noche. Ambos deben atravesar una serie de pruebas antes de alcanzar la unión y el conocimiento. En el transcurso de la historia, las apariencias se transforman: personajes que inicialmente parecen representar el bien revelan aspectos oscuros, mientras otros, presentados como amenazantes, se convierten en portadores de sabiduría.

La obertura resume musicalmente este universo simbólico sin describir directamente los acontecimientos de la ópera.

Estructura: Adagio – Allegro

La obra comienza con tres acordes solemnes, interpretados por toda la orquesta. El número tres posee una importancia particular en la simbología masónica y aparece repetidamente a lo largo de La flauta mágica. Estos acordes establecen una atmósfera ceremonial, casi ritual, que introduce al oyente en un mundo de significados más profundos.

La introducción lenta da paso a un Allegro de extraordinaria energía, construido mediante una escritura contrapuntística que recuerda las técnicas de la fuga. El tema principal comienza discretamente y se transmite de una voz a otra, hasta generar una compleja red de imitaciones y respuestas.

Mozart demuestra aquí su extraordinaria capacidad para combinar rigor intelectual y vitalidad musical. La escritura es compleja, pero nunca pierde su claridad ni su impulso dramático. Hacia el centro de la obertura reaparecen los acordes solemnes del comienzo, antes de que el movimiento retome su energía y avance hacia una conclusión brillante.

La obertura puede entenderse como una representación abstracta de algunos de los ideales centrales de la ópera: el tránsito desde la oscuridad hacia la luz, la necesidad de superar las pruebas y la posibilidad de alcanzar una armonía superior.

En el contexto del aniversario de San Francisco de Asís, estos ideales adquieren una resonancia particular. Aunque el universo filosófico de Mozart es muy diferente del pensamiento religioso medieval, ambos comparten la idea de que la verdadera sabiduría exige una transformación interior. Para San Francisco, esta transformación implicaba abandonar las ambiciones materiales y descubrir el valor de la humildad, la fraternidad y el amor hacia todos los seres vivos.

Richard Strauss (1864–1949)

Duett-Concertino para clarinete, fagot, arpa y orquesta de cuerdas en fa mayor (1947)

El Duett-Concertino pertenece a las últimas composiciones de Richard Strauss y fue escrito en 1947, cuando el compositor tenía ochenta y tres años. Después de una vida dedicada a grandes óperas y poemas sinfónicos de extraordinaria complejidad, Strauss se orientó en sus últimos años hacia una escritura más transparente, íntima y frecuentemente inspirada en los modelos clásicos.

Las circunstancias históricas de su composición resultan significativas. Europa acababa de atravesar la Segunda Guerra Mundial, Alemania estaba devastada y Strauss vivía temporalmente en Suiza. En lugar de responder a aquella situación mediante una música monumental o trágica, el compositor creó una obra llena de delicadeza, humor y ternura.

El concierto fue dedicado a Hugo Burghauser, antiguo fagotista de la Filarmónica de Viena y amigo del compositor, que había emigrado a Estados Unidos. La instrumentación es particularmente refinada: dos solistas, clarinete y fagot, dialogan con una orquesta de cuerdas y arpa. Strauss utiliza además con frecuencia pequeños grupos de cuerdas solistas, creando una textura cercana a la música de cámara.

El carácter de la obra está relacionado con una pequeña historia imaginada por el propio compositor. Según una de las explicaciones que ofreció, el clarinete representa a una princesa que danza elegantemente, mientras el fagot encarna a un oso torpe que intenta imitarla. Al principio, la princesa se asusta ante el extraño personaje, pero progresivamente descubre su verdadera naturaleza. Finalmente, ambos bailan juntos y el oso se transforma en príncipe.

Esta narración no debe entenderse como un programa rígido, sino como una imagen poética que ayuda a comprender la relación entre los dos instrumentos.

Movimientos

  1. Allegro moderato

El primer movimiento comienza con una atmósfera elegante y serena, cercana al mundo de Mozart. El clarinete presenta una melodía flexible y cantable, mientras las cuerdas proporcionan un acompañamiento delicado.

La entrada del fagot introduce un carácter diferente. Su registro grave y sus movimientos más angulosos contrastan con la agilidad del clarinete. Los dos instrumentos comienzan entonces un diálogo en el que alternan momentos de acercamiento y de aparente incomprensión.

Strauss aprovecha las diferencias naturales entre ambos timbres para crear una música de gran expresividad y humor. El contraste nunca se convierte en una confrontación dramática: los dos protagonistas parecen descubrir poco a poco la posibilidad de comunicarse.

  1. Andante

El segundo movimiento constituye el centro lírico de la obra. El fagot adquiere aquí un protagonismo especial y presenta una melodía de carácter íntimo y profundamente expresivo.

La música abandona buena parte del humor inicial y se transforma en un diálogo más sereno. Clarinete y fagot parecen escucharse mutuamente con mayor atención, mientras la orquesta acompaña con extraordinaria discreción.

La escritura posee una transparencia casi mozartiana, pero las armonías y la amplitud de las frases pertenecen claramente al mundo del Strauss tardío. En este movimiento, la relación entre los dos solistas adquiere una dimensión de comprensión y cercanía.

III. Rondo: Allegro ma non troppo

El movimiento final es el más extenso de la obra y desarrolla plenamente su carácter juguetón y danzante.

El clarinete y el fagot intercambian motivos, se imitan y se acompañan en una sucesión de episodios de gran variedad. La música conserva siempre una ligereza elegante, incluso cuando la escritura se vuelve contrapuntísticamente compleja.

En el marco de la historia imaginada por Strauss, este movimiento puede entenderse como la reconciliación definitiva de los dos personajes. La princesa y el oso consiguen finalmente bailar juntos, y aquello que inicialmente parecía extraño o amenazante se transforma en motivo de alegría.

El Duett-Concertino constituye así una de las expresiones más entrañables del último Strauss. Después de una vida marcada por grandes conflictos dramáticos y de haber presenciado las catástrofes de dos guerras mundiales, el compositor parece encontrar refugio en un mundo de sencillez, belleza y comprensión mutua.

Precisamente esta dimensión permite establecer una relación simbólica con el pensamiento de San Francisco de Asís. La fraternidad franciscana no se limita a quienes nos resultan familiares o semejantes, sino que se extiende también hacia aquello que inicialmente percibimos como diferente. En el diálogo entre clarinete y fagot podemos reconocer, sin atribuir a Strauss una intención religiosa, una hermosa metáfora musical del encuentro, la aceptación y la reconciliación.

Paul Hindemith (1895–1963)

Nobilissima Visione, suite para orquesta (1938)

La suite Nobilissima Visione constituye el centro espiritual de este concierto y establece su relación más directa con el aniversario de San Francisco de Asís.

Paul Hindemith fue una de las figuras fundamentales de la música alemana del siglo XX. Compositor, violista, director y pedagogo, desarrolló un lenguaje personal que combinaba las técnicas contrapuntísticas de la tradición alemana con una concepción moderna de la armonía y del ritmo.

Durante los años treinta, su situación en Alemania se volvió cada vez más difícil debido a la política cultural del régimen nacionalsocialista. Su música fue objeto de ataques y restricciones, y en 1938 el compositor abandonó Alemania para establecerse inicialmente en Suiza.

En este contexto surgió Nobilissima Visione, una obra inspirada en la vida de San Francisco de Asís. El origen del proyecto se encuentra en la colaboración entre Hindemith y el célebre bailarín y coreógrafo Léonide Massine, quien propuso crear un ballet sobre la figura del santo.

Durante un viaje a Florencia, Hindemith y Massine contemplaron los frescos de Giotto dedicados a San Francisco en la basílica de Santa Croce. Aquellas imágenes, con su extraordinaria combinación de sencillez, humanidad y profundidad espiritual, contribuyeron decisivamente a la concepción de la obra.

El ballet, subtitulado Leyenda danzada, fue estrenado en Londres en 1938. Poco después, Hindemith preparó una suite orquestal en tres movimientos, estrenada el 13 de septiembre del mismo año en Venecia, bajo la dirección del propio compositor.

El título Nobilissima Visione —«La más noble visión»— alude al ideal espiritual que encarna San Francisco: una vida que encuentra su verdadera grandeza no en el poder o la riqueza, sino en la humildad, la pobreza voluntaria, la compasión y la unión con toda la creación.

Musicalmente, Hindemith evita una representación sentimental o puramente descriptiva de la vida del santo. Su lenguaje es claro, austero y profundamente estructurado. La riqueza contrapuntística y la precisión formal conviven con momentos de gran lirismo, creando una música que transmite serenidad y dignidad sin renunciar a la intensidad dramática.

Movimientos

  1. Einleitung und Rondo — Introducción y rondó

El primer movimiento reúne dos episodios del ballet original: la meditación de San Francisco y su unión simbólica con la Pobreza.

La introducción posee un carácter recogido y contemplativo. La música avanza lentamente, con líneas amplias y una armonía que transmite serenidad. Hindemith crea una atmósfera de concentración interior, como si el oyente asistiera a un momento de reflexión espiritual.

El rondó introduce un carácter más animado, pero conserva una notable nobleza expresiva. En el contexto del ballet, esta música está relacionada con uno de los acontecimientos fundamentales de la vida de San Francisco: su decisión de abrazar voluntariamente la pobreza.

La renuncia a las posesiones materiales no aparece como una pérdida trágica, sino como un acto de liberación. Para Francisco, abandonar la riqueza significaba descubrir una forma diferente de plenitud, fundada en la confianza, la sencillez y la fraternidad.

Hindemith traduce esta idea mediante una música que combina claridad formal y luminosidad interior. La transformación espiritual no necesita grandes gestos teatrales: surge de la serenidad y de una convicción profunda.

  1. Marsch und Pastorale — Marcha y pastoral

El segundo movimiento presenta uno de los contrastes más significativos de toda la suite.

La marcha procede de una escena del ballet que representa la violencia y el saqueo de una ciudad por soldados mercenarios. Su carácter es enérgico, severo y por momentos amenazante. Los ritmos marcados y la escritura de los metales evocan un mundo dominado por la fuerza y el conflicto.

Esta música adquiere una resonancia particular si recordamos las circunstancias históricas en las que Hindemith compuso la obra. En 1938, Europa se encontraba nuevamente al borde de una guerra, y la violencia política se había convertido en una realidad cotidiana. Aunque no debe interpretarse la marcha como una descripción directa de aquellos acontecimientos, el contraste entre violencia y paz posee una fuerza expresiva innegable.

La sección pastoral introduce un mundo completamente diferente. Su origen se encuentra en la aparición simbólica de tres figuras femeninas que representan la Pobreza, la Castidad y la Obediencia.

La música se vuelve más serena y transparente. Los instrumentos dialogan con delicadeza y la textura adquiere un carácter casi contemplativo. Frente a la violencia de la marcha, Hindemith presenta una alternativa fundada en la sencillez y la armonía.

Esta oposición constituye uno de los núcleos espirituales de Nobilissima Visione: la fuerza exterior puede imponerse mediante la violencia, pero la verdadera transformación humana procede de una decisión interior.

III. Passacaglia — Pasacalle

El último movimiento constituye la culminación musical y espiritual de la suite.

Hindemith utiliza la antigua forma de la passacaglia, basada en la repetición y transformación de un tema. Esta estructura, especialmente desarrollada durante el Barroco, permite construir una arquitectura de gran amplitud a partir de un material musical relativamente sencillo.

El tema aparece inicialmente con carácter solemne en los instrumentos de metal. A partir de él, Hindemith desarrolla una extensa sucesión de variaciones que modifican continuamente la textura, el ritmo, la armonía y la instrumentación.

La elección de esta forma no es casual. La repetición del tema, siempre reconocible a pesar de sus transformaciones, puede interpretarse como una imagen musical de la permanencia de una idea espiritual a través de las experiencias cambiantes de la existencia.

En el ballet original, la Passacaglia está vinculada con la glorificación final de San Francisco y con su célebre Cántico de las criaturas, una de las expresiones más hermosas de su pensamiento.

En este texto, Francisco alaba a Dios a través de los elementos de la naturaleza: el hermano Sol, la hermana Luna, el viento, el agua, el fuego y la tierra. Todos forman parte de una misma creación y participan de una fraternidad universal.

Hindemith no reproduce literalmente el cántico, sino que traduce su espíritu mediante una construcción musical de extraordinaria coherencia. Las diferentes voces instrumentales se superponen y se transforman, pero todas permanecen relacionadas con el mismo fundamento temático.

La música crece progresivamente hasta alcanzar una conclusión de gran solemnidad. No se trata de un triunfo militar ni de una celebración del poder, sino de una afirmación de la dignidad espiritual.

La Passacaglia representa así la culminación de todo el recorrido de la suite: después de la meditación, la renuncia, la violencia y la contemplación, aparece una visión de armonía en la que el ser humano encuentra su lugar dentro de un orden más amplio.

Ochocientos años después: la actualidad del mensaje de San Francisco

La conmemoración del 800.º aniversario de la muerte de San Francisco de Asís ofrece una ocasión para reflexionar sobre la extraordinaria vigencia de su pensamiento.

En una época marcada por conflictos, desigualdades y preocupaciones ambientales, su defensa de la paz, su cercanía a los más vulnerables y su comprensión de la naturaleza como una comunidad de seres relacionados entre sí conservan una actualidad sorprendente.

Las tres obras de este concierto permiten acercarse a estos ideales desde diferentes perspectivas musicales.

En La flauta mágica, Mozart presenta la búsqueda de la sabiduría como un camino que exige superar las apariencias, el miedo y los prejuicios. En el Duett-Concertino, Strauss transforma el encuentro entre dos personajes diferentes en una historia de comprensión y reconciliación. Finalmente, Hindemith encuentra en la vida de San Francisco una visión espiritual que opone a la violencia y al poder la humildad, la fraternidad y la paz.

Existe también una relación musical entre las tres partituras. Mozart construye su obertura mediante la integración de diferentes voces en una compleja arquitectura contrapuntística. Strauss convierte el diálogo entre dos instrumentos de carácter opuesto en una expresión de armonía. Hindemith, finalmente, desarrolla en la Passacaglia una gran construcción colectiva a partir de un tema común.

En los tres casos, la música demuestra que la diversidad no tiene por qué conducir al conflicto: puede convertirse en una fuente de unidad y belleza.

Esta idea se aproxima profundamente al ideal franciscano de fraternidad universal. Para San Francisco, la verdadera grandeza del ser humano no consiste en dominar a los demás, sino en reconocerse como parte de una comunidad más amplia, fundada en el respeto y el amor.

Ochocientos años después de su muerte, su mensaje continúa invitándonos a mirar el mundo de otra manera. Y la música, con su capacidad de reunir voces diferentes en una experiencia compartida, constituye uno de los medios más profundos para expresar esa aspiración.

El concierto culmina así con la Passacaglia de Hindemith, cuya arquitectura creciente y solemne puede escucharse como una celebración de aquello que San Francisco consideraba esencial: la paz, la fraternidad y la armonía de toda la creación.