Cerró el Año Santo Jubilar 2025 en San Juan
El cierre del Año Santo Jubilar de la Esperanza 2025, cerró con una solemne Eucaristía en la Catedral San Juan Bautista, presidida por el Arzobispo de San Juan de Cuyo, Monseñor Jorge Lozano y concelebrada por los obispos auxiliares de la diócesis; monseñor Gustavo Larrazábal y monseñor Mario Robles. Con agua bendita recorrieron los pasillos, y cada feligrés presente extendía sus manos para recibir la bendición.
La celebración marcó el final de un tiempo de gracia vivido intensamente en toda la diócesis, en sintonía con la Iglesia universal, bajo el lema “Peregrinos de la Esperanza”. A lo largo del Año Jubilar, la Catedral y las iglesias jubilares fueron escenario de peregrinaciones, celebraciones y gestos pastorales que invitaron a la conversión, la misericordia y el compromiso solidario.
Durante la homilía, monseñor Jorge ofreció una profunda reflexión basada en su mensaje “Seguimos peregrinando en la esperanza”, en la que subrayó que el cierre del Jubileo no significa un punto final, sino un impulso renovado para continuar el camino de fe. “Terminar no siempre es cerrar”, expresó, invitando a capitalizar lo vivido y proyectarse hacia adelante como Iglesia en salida.
El arzobispo destacó que el Jubileo fue un tiempo de misericordia sin fecha de vencimiento, recordando que el amor de Dios permanece siempre abierto para quien quiera acercarse. En este marco, resaltó las más de treinta peregrinaciones jubilares realizadas en la Catedral, junto a las celebraciones patronales y la vida pastoral de cada comunidad.
Asimismo, la homilía puso en el centro el llamado a una esperanza concreta, encarnada en la cercanía con los más pobres, enfermos y vulnerables, y en la opción preferencial por quienes sufren. En este sentido, se recordó también la exhortación del Papa León sobre el amor hacia los pobres, como un llamado actual y urgente para la vida de la Iglesia.
Un lugar especial ocupó el Tercer Sínodo Diocesano, señalado como un verdadero don para la Iglesia sanjuanina y un motor que acompañó el caminar jubilar, fortaleciendo la comunión, la escucha y el discernimiento comunitario.
En el cierre, la celebración se puso bajo la intercesión de la Sagrada Familia, modelo de comunión, ternura y fe en medio de la incertidumbre, y se elevó una oración especial por la paz en el mundo, ante los conflictos y violencias que atraviesan a tantos pueblos.
Con gratitud por lo vivido, la Iglesia de San Juan renueva su compromiso de seguir caminando unida, sosteniendo la esperanza, la misericordia y la misión, más allá del Año Santo, como peregrinos que continúan soñando y anunciando el amor de Dios en la historia.

