{"id":44840,"date":"2021-12-13T18:41:58","date_gmt":"2021-12-13T21:41:58","guid":{"rendered":"https:\/\/vocesparalelas.com.ar\/sitio\/?p=44840"},"modified":"2021-12-14T00:17:05","modified_gmt":"2021-12-14T03:17:05","slug":"el-doctor-jose-gabriel-ocampo-argentino-y-chileno-ilustre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vocesparalelas.com.ar\/sitio\/el-doctor-jose-gabriel-ocampo-argentino-y-chileno-ilustre\/","title":{"rendered":"El Doctor Jos\u00e9 Gabriel Ocampo, argentino y chileno Ilustre"},"content":{"rendered":"<p>Redactor del c\u00f3digo de comercio de Chile, abogado y pol\u00edtico de ambas naciones.<\/p>\n<figure id=\"attachment_44843\" aria-describedby=\"caption-attachment-44843\" style=\"width: 212px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-44843 \" src=\"https:\/\/vocesparalelas.com.ar\/sitio\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/DR-OCAMPO-2-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"212\" height=\"283\" srcset=\"https:\/\/vocesparalelas.com.ar\/sitio\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/DR-OCAMPO-2-225x300.jpg 225w, https:\/\/vocesparalelas.com.ar\/sitio\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/DR-OCAMPO-2-599x800.jpg 599w, https:\/\/vocesparalelas.com.ar\/sitio\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/DR-OCAMPO-2.jpg 767w\" sizes=\"auto, (max-width: 212px) 100vw, 212px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-44843\" class=\"wp-caption-text\">Dr. Jos\u00e9 Gabriel Ocampo<\/figcaption><\/figure>\n<p>Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Un argentino ilustr\u00f3 su nombre en Chile. El doctor Jos\u00e9 Gabriel Ocampo, el abogado y jurisconsulto a quien se debe, la redacci\u00f3n del C\u00f3digo de Comercio con la que rige actualmente en esa Rep\u00fablica y quien curiosamente est\u00e1 en mi propia l\u00ednea geneal\u00f3gica de mi familia.<\/p>\n<p>Es admirable observar c\u00f3mo en la gesta emancipadora y luego durante las primeras d\u00e9cadas de vida independiente de las naciones sudamericanas que aquella gesta forj\u00f3, todos sus hombres m\u00e1s eminentes, sin distinci\u00f3n de su nacionalidad de origen, pusieron su perseverante empe\u00f1o, su talento y hasta la vida en servicio de la felicidad com\u00fan.<\/p>\n<p>Puede repetirse hoy, enf\u00e1ticamente, \u00abque los hombres de aquella \u00e9poca no reconoc\u00edan m\u00e1s jerarqu\u00edas que las del verdadero m\u00e9rito, ni m\u00e1s patria que el suelo americano\u00bb. En esa admirable fusi\u00f3n de los esp\u00edritus y de los corazones puesta en beneficio de un ideal com\u00fan no existe mejor ni m\u00e1s se\u00f1a lado ejemplo en la historia que el de las j\u00f3venes naciones Argentina y Chile.<\/p>\n<p>Es claro que hemos tenido la suerte de contar desde la emancipaci\u00f3n con un denominador com\u00fan, con una gloria compartida, y es la del Libertador General don Jos\u00e9 de San Mart\u00edn, a quien Chile tiene levantado un monumento que es m\u00e1s s\u00f3lido que el de cualquier bronce estatutario: el de su rendida admiraci\u00f3n y eterna gratitud, que arranca des de la exclamaci\u00f3n consagratoria de O&#8217;Higgins, lanzada bajo el estruendo de la batalla de Maip\u00fa, para que fuese escuchada por todos los que vieron el cielo de ese d\u00eda y para que se repitiera en los d\u00edas por venir: \u00abGloria al salvador de Chile \u00ab.<\/p>\n<p>Esta frase del padre de la patria define la esencia del sentimiento chileno mantenido desde entonces sin altibajos, pleno de las m\u00e1s fecundas iniciativas, tanto durante la vida del pr\u00f3cer como en el instante de su muerte, y transmitido como una consigna de honor de una a otra generaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Es siempre bueno y reconfortante recordar aquella \u00e9poca durante la cual argentinos y chilenos se olvidaban de su condici\u00f3n de argentinos y chilenos. S\u00f3lo as\u00ed podemos comprender c\u00f3mo San Mart\u00edn, al ausentarse para C\u00f3rdoba, depositara el mando militar de Cuyo en O&#8217;Higgins; y que nombrara a Zenteno secretario del Ej\u00e9rcito de los Andes; y c\u00f3mo los chilenos, al d\u00eda siguiente de Chacabuco, brindaran al Libertador el m\u00e1ximo que puede ofrecer un pueblo: que lo rijan y gobiernen; y c\u00f3mo O&#8217;Higgins, Director Supremo, ausente en el frente de batalla del sur, delegara el mando del pa\u00eds en Hilari\u00f3n de la Quintana Y luego le confiara a Blanco Encalada el mando de la primera escuadra chilena ; y que el coronel chileno Francisco Antonio Pinto fuera jefe de un regimiento argentino y ayudante del general Manuel Belgrano en el Ej\u00e9rcito del Alto Per\u00fa. Los ejemplos son admirables e incontables.<\/p>\n<p>Acerca de esta variedad de nacionalidades advertir\u00e9 como corolario, que ya no es posible hoy; d\u00eda determinar con segundad documentada cu\u00e1ntos eran chilenos y cu\u00e1ntos argentinos, entre los que constitu\u00edan aquellas falanges in mortales que se llamaron: El Ej\u00e9rcito de los Andes, es sabido que luego, de Chacabuco todas sus bajas por muerte y deserci\u00f3n fueron cubiertas por hijos del pa\u00eds, el Ej\u00e9rcito de Chile, los Ej\u00e9rcitos del Sur y del Centro, el Ej\u00e9rcito que triunf\u00f3 en Maip\u00fa, el Ej\u00e9rcito Libertador del Per\u00fa, ej\u00e9rcitos \u00e9stos que juntaron la libertad de dos naciones del Pac\u00edfico.<\/p>\n<p>Cu\u00e1n grato es, adem\u00e1s, recordar que sirvieron bajo las \u00f3rdenes de San Mart\u00edn en las armas de la libertad y desarrollaron su capacidad en el mando en su alta escuela y austero ejemplo cinco militares chilenos que iban a ocupar en el futuro la presidencia del vecino pa\u00eds: Bernardo O&#8217;Higgins (febrero 1 817 &#8211; enero 1823 ), Ram\u00f3n Freire\u00a0 (1823-1826) , Francisco Antonio Pinto (1827- 1 828), Joaqu\u00edn Prieto (1831- 8 41) y Manuel Bulnes (1841-1851).<\/p>\n<p>Y en otro orden de ideas resulta tambi\u00e9n grato recordar a una argentina, do\u00f1a Luisa Garmendia, a quien le corresponde, indiscutiblemente, la flor de la confraternidad. Ella contrajo enlace en Tucum\u00e1n con un edec\u00e1n de Belgrano: el coronel Pinto, y del matrimonio nacieron dos hijos: Enriqueta y An\u00edbal.<\/p>\n<p>El tiempo le iba a brindar a la tucumana el m\u00e1s privilegiado destino, al reunir en su persona estos tres t\u00edtulos: ser esposa, mega y madre de otros tantos presidentes de Chile: Francisco Antonio Pinto, Manuel Bulnes, esposo de Enriqueta Pinto Garmendia y An\u00edbal Pinto Garmendia.<\/p>\n<p>Y ya que estamos en lo familiar y social, c\u00f3mo no recordar los apellidos que se confunden, pues resuenan iguales, tan comunes e ilustres, en ambos lados de la Cordillera: S\u00e1nchez de Loria, Rodr\u00edguez Pe\u00f1a, Saavedra, Beeche, Arana, Pi\u00f1ero, D\u00e1vila, Bilbao, Blanco, Toro, Real de Az\u00faa. Lynch, Ocampo, Zelaya, Sarratea, Tezanos Pinto, Err\u00e1zuriz, del Solar y tantos otros. Y esta confraternidad no se ha desarrollado tan s\u00f3lo en lo militar, en lo pol\u00edtico y lo social.<\/p>\n<p>Recordemos tambi\u00e9n aquel per\u00edodo hist\u00f3rico del movimiento intelectual de Chile, promovido entre los a\u00f1os 1840 y 1850, por el contacto de la naciente intectualidad local con la pl\u00e9yade de los proscriptos argentinos que ven\u00edan huyendo de la patria para cobijarse en el suelo amigo. Este contacto, a veces estrepitoso, pero siempre fecundo, contribuy\u00f3 no poco a encender la llama de la inteligencia chilena.<\/p>\n<p>Aquellos \u00abesp\u00edritus del Plata, el\u00e9ctricos y deslumbrantes como los rayos de un cielo tempestuoso\u00bb, como los define Lastarria, desarrollaron y discutieron las ideas, promovieron la ense\u00f1anza, enaltecieron la prensa, cultivaron las artes, las letras y el derecho, ilustraron la c\u00e1tedra e influyeron en otras formas de cultura.<\/p>\n<p>A su vez en el ambiente de la tierra chilena y bajo el est\u00edmulo de sus habitantes, de su docta Universidad y de su progresista Gobierno, floreci\u00f3 el ingenio, lograron su vocaci\u00f3n y aseguraron su subsistencia el grupo de esos argentinos que buscaban un asilo en la adversidad: En Chile los emigrados: Sarmiento, Mitre, Alberdi, Fr\u00edas, Pi\u00f1ero, Rodr\u00edguez Pe\u00f1a, Tejedor, y muchos otros, maduraron, cuando no dieron a luz, las obras que m\u00e1s adelante asegurar\u00edan su renombre.<\/p>\n<p>A los que partieron de aqu\u00ed como \u00absimples aventureros de un sue\u00f1o juvenil\u00bb \u2013dir\u00e1 Ricardo Rojas-, Chile los de volvi\u00f3 convertidos en estadistas y escritores. Lo que acabamos de decir a manera de introducci\u00f3n o pre\u00e1mbulo, sirve para comprender c\u00f3mo un argentino, el doctor Gabriel Ocampo, pudo desarrollar en Chile, no s\u00f3lo sin trabas, sino con in variable y solidario apoyo, una carrera pol\u00edtica y profesional que culmin\u00f3 con su participaci\u00f3n en la redacci\u00f3n de los cuerpos de leyes fundamentales: el C\u00f3digo Civil, y; principalmente, el C\u00f3digo de Comercio.<\/p>\n<p>Todo esto que queda dicho servir\u00e1, adem\u00e1s, para apreciar los beneficios que brinda la confraternidad, y que nosotros debemos tener presente para inculcarlos en la juventud, a fin de que \u00e9sta, a su vez, los tenga siempre en la mente como gu\u00eda de sus pasos en la vida privada y en la acci\u00f3n p\u00fablica durante los a\u00f1os que vivimos y los que vendr\u00e1n, tan amenazados de tragedia. Este recuento de los \u00f3ptimos frutos que ha originado la unidad militar, pol\u00edtica, social, intelectual y jur\u00eddica de chilenos y argentinos.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Gabriel Ocampo naci\u00f3 el 5 de octubre de 1799 en la apartada Rioja, cabecera entonces de una sub delegaci\u00f3n de la Intendencia de C\u00f3rdoba del Tucum\u00e1n, a su vez uno de los ocho gobiernos o provincias en que estaba dividido el Virreinato. Era hijo de don Domingo Ortiz de Ocampo y de do\u00f1a Tomasa Herrera y Medina, y sobrino del general Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, quien ser\u00eda el primer jefe militar que a sumiera el mando del ej\u00e9rcito al siguiente d\u00eda de la independencia. Pertenec\u00eda Ocampo a una de aquellas familias patricias y gobernantes de noble ra\u00edz espa\u00f1ola, asentada firmemente en tierra americana, que disputaron luego en la ciudad riojana una supremac\u00eda, que s\u00f3lo al amanecer de la autonom\u00eda quedar\u00edan desplazadas por los caudillos venidos de la campa\u00f1a.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 a Chile en 1819 y revalid\u00f3 al a\u00f1o siguiente su t\u00edtulo de abogado en la Real Universidad de San Felipe. Particip\u00f3, como diputado por Colchagua, en la Constituci\u00f3n Pol\u00edtica del Estado de Chile de 1823. Ocup\u00f3 este esca\u00f1o por aquel departamento hasta 1825. En 1828, retorn\u00f3 a la Argentina, ocupando los primeros puestos en el foro bonaerense hasta 1840, cuando enviud\u00f3 y decidi\u00f3 regresar a Chile.<\/p>\n<p>El 24 de septiembre de 1852 el gobierno del presidente Manuel Montt le encarg\u00f3 la tarea de redactar un c\u00f3digo de comercio, a la que aboc\u00f3 casi una d\u00e9cada, hasta presentar su Proyecto de C\u00f3digo de Comercio de Chile en 1861, que fue aprobado y publicado en 1865. Con modificaciones y actualizaciones posteriores, es el que rige en ese pa\u00eds.<\/p>\n<p>El 10 de agosto de 1858, el Congreso Nacional de Chile le otorg\u00f3 la nacionalidad por gracia.<\/p>\n<p>Fue presidente de la sociedad Colegio de Abogados en los periodos 1862-1864 y 1867-1868.2\u200b Al a\u00f1o siguiente, en 1869, fue nombrado decano de la Facultad de Leyes de la Universidad de Chile, cargo en el que permaneci\u00f3 hasta su muerte, ocurrida en 1882.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Redactor del c\u00f3digo de comercio de Chile, abogado y pol\u00edtico de ambas naciones. Lic. Prof. Fernando A. 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