San Juan-Arzobispado

Quiero llegar hasta tus pies benditos…

Pbro. Pedro Raúl Zalazar, Vicario Parroquial Santuario Inmaculada Concepción

Así reza un antiguo canto mariano. Una hermosa invocación a la Virgen María como expresión de deseo del creyente de llegar un día al Cielo y contemplar el rostro bellísimo de nuestra Madre. Es el título elegido para contar que el próximo domingo 26 de noviembre del corriente a las 10hs serán trasladados los restos mortales de Mons. Antonio López Soler desde el Cementerio de la Ciudad Capital al Santuario de la Inmaculada Concepción en el Pueblo Viejo.

Mons. Antonio López Soler fue párroco del Santuario desde 1958 al 1996 al morir luego de una enfermedad terminal.

Sabemos que el terremoto de 1944 destruyó totalmente el templo y la casa parroquial, quedando entre las ruinas todas las personas que se encontraban asistiendo a las ceremonias nupciales, desde el párroco, novios, familiares y fieles en general que, como era costumbre, acudían a mirar los casamientos.

Transcurridos tres meses del sismo, se empezó a construir una iglesia de emergencia que se asemejaba a un galpón utilizada durante 4 o 5 años que será cuando empiece a construirse el nuevo templo, que se encuentra sobre calle Tucumán, el cual está construido de ladrillo, en el mismo lugar donde se encontraba el que se cayó con el terremoto y que actualmente lo utiliza el colegio San José como salón de actos.

Cuando asume como Cura Párroco Monseñor Antonio López Soler, tiene que asumir la construcción de un nuevo templo parroquial. En 1960 comenzó los trámites para la construcción, el anterior resultaba chico, pero se necesitaba un proyecto fácil, no costoso, prácticamente no se disponía de medios. La solución a un proyecto accesible se la ofreció el Ingeniero italiano Gasini, el hecho de que el templo sea redondo, responde a esas necesidades. Razones personales lo alejaron de la provincia y fue el Ingeniero Carmona quien en 1965 llevó a la práctica todo el proyecto. El 7 de diciembre de 1971 se habilitó el nuevo templo con la bendición de su excelencia reverendísima Nuncio Apostólico, Monseñor Lino Zanini a las 21,30 hs.

También, Mons. Antonio López Soler fundó el Colegio Técnico San José en 1959, por el que han pasado cientos de alumnos y futuros profesionales, ingenieros, arquitectos y maestros mayores de obra.

Fue creado en el mes de junio y se constituyó en el primer colegio primario parroquial de la provincia, con apenas veintitrés alumnos. Recién en 1965 se produciría la primera colación y en 1970 inició su labor, el Colegio Industrial San José de enseñanza secundaria, siendo su primer rector, Miguel Godoy Olivera.

Los primeros maestros Mayores de Obra lo hicieron en 1976 y en 1984 festejaron las bodas de plata de la institución, con la aprobación ministerial del texto “Mis trabajitos”, creado por docentes para aprestamiento escolar. En 1992 amplió la currícula ofreciendo la especialidad de Administración de Empresas y con la Ley Federal de Educación de 1996, surgieron otras que permiten al alumnado conocer nuevas tecnologías.

Monseñor Antonio López Soler, puso al Colegio bajo la protección de San José. Su imagen se encuentra en los jardines del Colegio. Pertenecía al Seminario Diocesano que fuera destruido por el terremoto de 1944, donde el Padre López Soler iniciara sus estudios.

Fue Vicario Capitular tras la muerte de Mons. Ildefonso María Sansierra, Obispo de San Juan, hasta la llegada de Mons. Italo Severino Di Stefano.

Capellán de la Pastoral Carcelaria, misionero incansable, fundador de las Parroquias Nuestra Señora de Andacollo y Espíritu Santo, Batallón de Exploradores, Oratorios, Grutas y Capillas. Como así también supe ser un referente de las vocaciones sacerdotales y religiosas y su posterior acompañamiento espiritual.

“Sembrar es construir para el mañana, para recoger más adelante, y esto lo hizo en vida con su vocación sacerdotal monseñor Antonio López Soler, el sacerdote que una mañana del tiempo de Cuaresma, un 6 de marzo de 1996, entregaba su alma al Todopoderoso y a María Inmaculada que tanto amaba.

Siempre sembró su ferviente fe para sostener y apoyar a los que vacilaban, sembró su amistad, su gozo y entusiasmo a todos aquellos que lo necesitaban. Su vida fue una siembra de alegría, optimismo, paz y amor.

Fue el sacerdote que con sacrificio, aun con lágrimas en su rostro, soportó su larga enfermedad cerca de los suyos. Valoramos sus múltiples virtudes y su participación en la fundación del santuario, capilla, colegio, monumento a la Virgen de avenida Rawson y San Lorenzo, grupos de oración y en la creación de la Milicia de la Virgen Inmaculada, institución que por inspiración divina debe continuar funcionando para orgullo de la Iglesia y sus miles de devotos.”

Hoy nos alegramos y damos gracias a Dios que sus restos mortales puedan descansar en su Casa, en la Cripta del Templo del Santuario Inmaculada Concepción (en el costado norte) junto a los restos mortales del padre Eutiquio Esteban, quien muriera en el terremoto de 1944.

Podemos decir con el corazón lleno de emoción que el querido padre Antonio ha llegado a los pies benditos de nuestra Madre Inmaculada.