San Juan-UNSJ

Reformismo versus peronismo en las universidades argentinas

El gobierno de Perón avanzó en la democratizacón de la universidad pública, pero retrocedió en una de las conquistas reformistas: la autonomía universitaria.

Por Elio Noé Salcedo*

Durante el decenio peronista (1946-1955) –señala Layla Pis Diez, investigadora de la UNLP-CONICET- “se llevaron adelante una serie de políticas que permitieron avanzar en la democratización social de la educación pública en todos sus niveles y de la universidad en particular”. De tal modo, “medidas como el otorgamiento de becas (1947), creación de la Universidad Obrera Nacional (1948) –base de la UTN-, eliminación de los aranceles, disposición de la gratuidad de los estudios universitarios (1949) y supresión del examen de ingreso (1953), nos hablan de una verdadera democratización del acceso a la universidad. Pero al mismo tiempo –advierte la investigadora-, fueron suprimidas las conquistas más importantes del movimiento estudiantil reformista en lo que hace a la democratización política de la universidad, es decir a la ampliación de la participación en el gobierno (universitario)” (1).

Fue en ese contexto que en la segunda mitad del año ’50, el General Perón decidió concretar su propio movimiento estudiantil en las Casas de Estudio, estructurado en forma centralizada como lo era la CGT para los trabajadores. Así nació la Confederación General Universitaria o “CGU”, que se constituyó “como una federación estudiantil, oficialista, con un moderado programa antiimperialista, pero también anticomunista, en concordancia con el espíritu de la Tercera Posición propia del peronismo”, a través de la cual se proponía una serie de objetivos de orden estrictamente gremial-estudiantil (2).

“Democratización del Bienestar” versus Autonomía Universitaria

Sin desconocer el hecho de que la CGU fuese una creación oficial, señala Bernardo Kleiner, la institución se presentó como promotora y gestora de la supresión de los aranceles, de los apuntes baratos o gratuitos, de la supresión de los exámenes de ingreso, todas ellas reivindicaciones estudiantiles que el peronismo había vuelto reales y que la FUA y las organizaciones reformistas desdeñaban (3).

Por todas las razones mencionadas, la CGU cosecharía la animadversión del Movimiento Reformista, aunque “no sería tan insignificante e irrepresentativa ni dócil a las autoridades universitarias como sus adversarios aseguraban”, más allá de que estuviera impulsada desde las alturas del poder e integrada por muchos “empleados públicos”, como denunciaban los reformistas “con evidente exageración y parcialidad” (4).

El apelativo de “empleados públicos” se debía a que muchos de los jóvenes de condición humilde o que venían de las provincias interiores eran nombrados en cargos de baja jerarquía en la administración  nacional, provincial o municipal, en las cátedras o en otros niveles, lo que constituía una beca sui géneris que les permitía estudiar y completar sus carreras. De alguna manera, ese salario de “empleados” (efectivamente desempeñados) equivalía al giro mensual paterno que les permitía a tantos estudiantes de clase media acomodada estudiar y hacer política universitaria a la vez (5).

Carlos Torre y Elisa Pastoriza afirman que fue en el terreno de la educación en el que la “democratización del bienestar” tuvo un alcance más amplio, expresado por ejemplo en el gran aumento de presupuesto, la reducción del analfabetismo y la expansión del acceso a la educación primaria (que en nuestro país era una tendencia desde principios de siglo) y centralmente de la media y universitaria. Entre 1947 y 1955 el ingreso universitario llegó casi a triplicarse: de 51.272 alumnos en 1947, se pasó a 143.542 en 1955 (6).

Agrega Carlos Ceballos: “El gobierno peronista no tuvo una política acertada en la universidad. No se permitió la actividad estudiantil disidente y se reprimió a los estudiantes”. No obstante advierte: “no existieron, por otra parte, expresiones estudiantiles que lograran diferenciar los contenidos ideológicos reaccionarios que se sustentaban en la universidad en la cátedra oficial, con los contenidos democráticos que permitieron el acceso irrestricto en la universidad, la anulación de los aranceles, la creación de comedores universitarios y las facilidades para el estudiante” (7).

El enfrentamiento de 1951  

Entre la pasividad y la desorientación del grueso de la masa universitaria y el hostigamiento gubernamental, la estructura del movimiento reformista comienza a diluirse, los centros casi no tienen actividad, desaparecen los delegados de curso, se disgregan las comisiones directivas de Centros, se hace imposible la continuación de elecciones públicas y la confrontación de listas distintas, en tanto las elecciones se postergan mes tras mes. El reformismo tiene dificultades para reclutar nuevos adeptos y debe reducir al máximo su umbral de aceptación: “solo les exige a los nuevos que sean antiperonistas” (8).

Sin embargo, en el mismo mes de mayo de 1951 en que la CGU elige sus autoridades, comienza en Buenos Aires una incipiente reactivación del movimiento estudiantil reformista, por dos razones fundamentalmente: 1) El lanzamiento de la reelección a la Presidencia del Gral. Perón; y 2) El secuestro del estudiante Ernesto Mario Bravo, que logra ser rescatado por las movilizaciones que organiza la FUBA.

No obstante, el hostigamiento y la persecución oficialista no daban respiro a la militancia reformista. La celebración en junio del 33º aniversario de la Reforma Universitaria en Córdoba, terminó con la clausura del acto y la detención de casi todos los intervinientes. La “Casa del Pueblo” socialista fue allanada y detenidos sus ocupantes. En el estudio de un conocido profesional fueron apresados y llevados detenidos varios profesionales y estudiantes reformistas. La policía justificaría su accionar explicando que intentaba “desbaratar un plan de perturbación”. Los encarcelados explicaban a su vez el accionar gubernamental en la “extraordinaria e incansable campaña de esclarecimiento cívico” que venía realizando la oposición (9).

Lo cierto es que, más allá de los discursos, la oposición ya estaba conspirando con el Gral. Benjamín Menéndez, preparando el golpe militar que fracasó el 28 de septiembre de ese año. “El propio Centro de Estudiantes de Ingeniería –consigna Bernardo Kleiner- tuvo que reconocer este hecho agravado por la lamentable actitud de sus dirigentes, que abandonaron toda actividad gremial, pedagógica y cultural, en aras de crear condiciones favorables al golpismo” (10).

En septiembre de 1951 quedaron integradas las Comisiones Directivas de los Centros. En todos triunfó el Partido Reformista. Reunidos por fin todos los delegados el 24 de octubre de 1951, finalmente la FUA designó su Mesa Directiva.

Apenas unos días después, el 11 de noviembre de 1951, en elecciones impecables, el General Perón fue reelegido Presidente de la Nación, iniciando su segundo período de gobierno constitucional el 7 de marzo de 1952. Como un sino trágico en la historia del siglo XX, en lugar de menguar, el enfrentamiento entre el reformismo y el gobierno de los trabajadores recrudeció, hasta desembocar, como en 1930, en un golpe de Estado contra un gobierno nacional y popular.

*Diplomado en Historia Argentina y Latinoamericana de la UNSJ y de la UNVM.

Notas

(1) N. Pis Diez (2012). La política universitaria peronista y el movimiento estudiantil reformista: actores, conflictos y visiones opuestas (1943-1955): http://sedici.unlp.edu.ar/bitstream/handle/10915/42965/Documento_completo.pdf?sequence=1

(2) R. A. Ferrero (2005). Historia Crítica del Movimiento Estudiantil de Córdoba. Tomo II (1943-1955). Córdoba: Alción Editora, pág. 119.

(3) B. Kleiner (1963). 20 años de movimiento estudiantil reformista 1943-1963. Buenos Aires: Platina, mencionado por N. Pis Diez en obra citada.

(4) Ferrero, Ob. Cit., pág. 122.

(5) Ídem, pág. 123.

(6) J. C. Torre y E. Pastoriza (2002). La democratización del Bienestar. Buenos Aires, en D. JAMES (comp.). “Los años peronistas (1943-1955)”, mencionado por N. Pis Diez en obra citada.

(7) C. Ceballos (1985). Los estudiantes universitarios y la política, 1955-1970. Buenos Aires: CEAL, pág. 21, mencionado por N. Pis Diez en obra citada.

(8) La Voz del Interior del 23 de junio de 1951, pág. 7.

(9) Ferrero, Ob. Cit., pág. 124-125.

(10) Kleiner, Ob. Cit., pág. 124, mencionado por N. Pis Diez en obra citada.

Imagen de la portada: Afiche de “Mundo Peronista”. Fuente: Tercerareforma.com

Fuente: Revista U http://www.revista.unsj.edu.ar/?p=2749