San Juan-Opinión

“170 años del Fallecimiento del Padre de la Patria. Carta dirigida de San Martín a O’Higgins”

Por el Lic. Prof. Fernando A. Ocampo Bravo

A San Martín y O’Higgins,​ también conocido como el Monumento a la amistad inmortal​ o Monumento a los libertadores de Chile y Argentina, es una escultura del artista chileno Lorenzo Domínguez Villar. Está ubicada en la Plaza Chile en Mendoza, Argentina, y fue inaugurada el 18 de mayo de 1947.

Se cumplen 170 años del paso a la inmortalidad del General José de San Martín,  que acaeciera el 17 de Agosto de 1850 en Boulogne-sur-Mer, Francia.

Tanto San Martín como O’Higgins, fueron exiliados de sus patrias después de sus revoluciones independistas, el argentino en Francia y el chileno en Perú. El General O’Higgins, fallece en Lima el 24 de Octubre de 1842. Entre ellos producen y envían numerosas cartas que los próceres se intercambiaron desde que se conocieron en la localidad Villavicencio, Provincia de Mendoza, República Argentina, a fines de 1814 hasta la muerte de O’Higgins, en 1842.  En las que se reflejan el «nivel extraordinario de amistad, solidaridad y comprensión» que caracterizó su relación, marcada asimismo por un «nivel muy grande de confianza y confidencialidad».

General José de San Martín

 

Gral. Bernardo O’Higgins

Unas de sus cartas esboza en sus líneas una amistad sincera; sin embargo, se aprecian cuestiones políticas que, bien contextualizadas, pueden arrojar luces sobre el faccionalismo que se apoderó de las repúblicas hispanoamericanas durante e inmediatamente después de las guerras de independencia.

La carta esboza lo siguiente. Fechada en París el 26 de diciembre de 1835, la carta comienza refiriéndose a O’Higgins como “Cap. General de los Extos. de Chile y Perú”. Esto demuestra que a pesar de que O’Higgins había dejado el poder hacía más de diez años, San Martín continuó considerando injustificada la intervención de los grupos de poder de Concepción con el fin de conseguir la abdicación del entonces Director Supremo (enero de 1823). Para San Martín, O’Higgins ostentó la legitimidad de la revolución. El exilio del general chileno en el Perú no había sido óbice para que el proyecto americanista encabezado por el Ejército de los Andes fuera derrotado por la creación de los Estados nacionales. Por el contrario, según San Martín, demostró hasta qué punto era posible construir un relato continental común.

“Los males” que azotaron al Perú a mediados de la década de 1830 eran señal de que las respectivas declaraciones de independencia no habían puesto fin a las luchas intestinas. De hecho, para 1835, el Perú se encontró inmerso en una agria disputa jurídico-territorial con la Bolivia de Andrés de Santa Cruz, y no es de extrañar que el argentino reaccionara negativamente ante las disputas facciosas “Ser feliz es imposible presenciando los males que afligen a la desgraciada América”, decía, y agregó “Yo calculo cuan embarazosa debe ser la posición de Usted entre opiniones y partidos tan diferentes, […] porque en la guerra civil la máxima de reputar enemigo al que no es de la misma opinión es la ley que divide los partidos”.

Estas palabras hablan de la profundidad de la derrota política sufrida por los miembros de la Logia Lautaro, siendo además, un recordatorio de cuán difícil es gobernar en un contexto postrevolucionario. Como hombres de acción política y militar, las vidas de San Martín y O’Higgins resumen un ideario que para los años treinta ya no era posible de sostener. Tal como en el cuadro de Goya, la revolución comenzó a devorar a sus propios hijos. Amigos en tantas situaciones sociales, políticas y económicas, en batallas temporales, pasaron a la inmortalidad, ambos próceres de Los Andes.